México y un problema grave
El dilema que enfrenta hoy la presidente Sheinbaum, que la obliga a optar entre enfurecer a Trump o chocar con la base de su partido, tiene el potencial de resonar en todo el continente.
Las noticias internacionales en Uruguay no suelen seguir muy al detalle la política mexicana. Pero allí están pasando cosas muy serias, que deberían llamar a la reflexión a nuestra sociedad y a nuestro sistema político. Porque si bien nuestros problemas son muy distintos a los que padece hoy ese país, hay señales importantes que no debemos dejar pasar inadvertidas.
Hace un par de semanas, Estados Unidos arrojó una verdadera bomba atómica contra la presidenta Claudia Sheinbaum al pedir la detención con fines de extradición de 9 altas figuras políticas, entre ellas el que era hasta entonces gobernador del estado de Sinaloa, Ruben Rocha Moya. Según el reclamo de una fiscalía de Nueva York, estas figuras están implicadas en el tráfico de toneladas de drogas desde México a Estados Unidos, y eran socios clave del cártel que lleva el nombre del estado en cuestión. La información, todos sospechan, sería parte de lo que los hijos del ex capo del cártel, Joaquín "El Chapo" Guzmán, están ofreciendo al gobierno americano, en su negociación para tener mejores condiciones tras su entrega en aquel país.
Este hecho ha puesto en una situación altamente conflictiva a la presidenta Sheinbaum. Porque ella es de alguna forma la heredera de quien inventó su partido, llamado Morena, y que ha tenido siempre una relación más que complicada con el tema de los cárteles de la droga. Hablamos de Andrés Manuel López Obrador, quien patentó la frase de "abrazos y no balazos" como estrategia de combate al narco, de alguna forma en respuesta a la guerra abierta que había lanzado otro presidente mexicano anterior, Felipe Calderón, y que había causado miles de muertos.
En los ambientes periodísticos mexicanos es cosa corriente comentar sobre el vínculo de muchos dirigentes cercanos a López Obrador especialmente con el cártel de Sinaloa, que se habría beneficiado mucho en los gobiernos de AMLO, donde la persecución policial se centraba más que nada en sus rivales en el submundo narco.
Desde que asumió el gobierno, Sheinbaum ha intentado tímidamente despegarse de la influencia de su predecesor. Y se había mostrado particularmente despabilada para manejar el muy conflictivo nexo con Estados Unidos y en especial con Donald Trump. Había logrado buenos acuerdos comerciales, y había aceptado extraditar a varios altos capos del narco. También había usado información proveniente de Washington para abatir a quien tal vez era el mayor capo mafioso del planeta, Nemesio Oseguera Cervantes, el "Mencho", líder del cártel Jalisco Nueva Generación.
Pero hace unas semanas pasó algo peculiar. Dos agentes de la CIA que apoyaban una operación del gobierno estatal de Chihuahua contra el narco, fueron abatidos en un enfrentamiento. Y algo se rompió entre Trump y Sheinbaum.
A los pocos días vino este nuevo reclamo de extradición, al que Sheinbaum ha respondido con altanería poco frecuente, y con dilaciones que van contra el espíritu del tratado de extradición entre ambos países. En sus salidas públicas, se la ve muy alterada, e incluso ha buscado una pelea artificial con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que se encontraba de visita en México, y a la que acusó de ser una defensora de Hernán Cortés. Un problema muy actual, sin dudas para los mexicanos.
Lo que se analiza en México es que Sheinbaum se encuentra acorralada. Porque si acepta detener y extraditar al ex gobernador Rocha Moya, arriesga desatar una guerra interna en su partido, y contra su ex mentor y caudillo López Obrador. Pero si no lo hace, quedará enfrentada directamente con Trump, quien nadie duda es muy capaz de enviar a sus tropas a capturar directamente a los involucrados. Si lo hizo con Maduro, no se va a contener ahora.
Esto significaría una crisis política en México como no se ha visto en muchas décadas. ¿Por qué es esto relevante en Uruguay? Porque está claro que vivimos una nueva era en la política de América Latina. Con un vínculo muy distinto al que tenemos desde hace décadas con Estados Unidos. Y en el que hay temas como el narcotráfico que no admiten tibiezas o términos medios.
Si bien nuestro país no es parte central de este tráfico, es claro que tenemos un problema, y que de alguna manera estamos en el mismo campo de batalla. Estará en nosotros manejarnos con aguda estrategia en estas aguas embravecidas, para aprovechar el viento para combatir nuestro problema propio. A la vez de mantenernos bien lejos de los problemas ajenos.