Secuelas de la derrota del laborismo británico
La mayor dificultad está en convenir un sucesor de Starmer.
La estrepitosa derrota del laborismo británico en las elecciones de concejales, y el triunfo del Partido para la Reforma, han puesto en alto riesgo la permanencia de Keir Starmer como Primer Ministro de Gran Bretaña. El Partido para la Reforma, dirigido por Nigel Farage, pasó a ser el más popular: con alrededor del 27% de las votaciones, casi duplicó lo obtenido en las parlamentarias de 2024. Los laboristas descendieron desde 33% a 20%; los conservadores, desde 23,7 a 15%, quedando solo un punto por sobre los liberal demócratas, mientras los verdes alcanzaron 12%, casi duplicando lo registrado en 2024. Farage, controvertido y euroescéptico, es afín a Trump en materias ambientales, migratorias y en el débil respaldo a Ucrania.
Las elecciones se consideraron un referéndum de la gestión de Starmer, quien, según las bases laboristas, no estaría en condiciones de liderar al partido en la renovación del Parlamento, cuya fecha de expiración es, a más tardar, agosto de 2029. Catalizador del descontento fue la reacción al equivocado nombramiento por parte de Starmer de su embajador en Estados Unidos, lo que según su principal detractora, la ex vice primer ministro Angela Rayner, comprobó amiguismo, incompetencia y desconfianza en el gobierno.
El reemplazo de Starmer no es fácil. Su destitución es extraordinariamente difícil, por los estatutos del Partido Laborista. Habría que forzarlo a renunciar. El laborismo prometió estabilidad política luego de cuatro primeros ministros conservadores en cinco años. La mayor dificultad está en convenir el sucesor dentro de un partido sin nítidos líderes alternativos ganadores, y dividido en facciones claramente de izquierda y otra más moderada, como lo demuestra la migración de partidarios hacia sectores de la izquierda de los liberal demócratas, y otros más a la izquierda, al Partido Verde.
Starmer está decidido a permanecer en el cargo, con una economía estancada y altamente endeudada. En su mensaje de este lunes, se comprometió a cumplir su programa sin dilaciones, estrechar las relaciones con Europa, renacionalizar ferrocarriles y la industria del acero, congelar arriendos y otras medidas insuficientes para generar la esperanza y confianza de sus parlamentarios y dirigentes. El tradicional discurso del Rey, al día siguiente (ayer), en el marco "de eliminar los obstáculos al crecimiento", presentó una miscelánea de iniciativas de Starmer que no lograron contener las presiones de los parlamentarios disidentes.
Cuatro ministros han renunciado ya y cerca de cien parlamentarios insisten en la dimisión del Primer Ministro o que, al menos, fije un plan de salida. Lo concreto es la incertidumbre, en un contexto en que, además, y como nunca, se ha roto el bipartidismo en Gran Bretaña. Así, y más allá de su propia resistencia, parecería que una renuncia forzada de Starmer será cuestión de tiempo, cuando dentro del partido haya mayor acuerdo sobre su sucesor. La líder opositora conservadora, Kemi Badenoch, resumió: "Starmer está en el cargo, no en el poder".