Continuismo populista, pero peor
Jorge Restrepo
Uno de los mayores riesgos que enfrenta la economía colombiana es el continuismo en políticas populistas, antiempresa y que ponen en duda el estado de derecho
Jorge Restrepo
Uno de los mayores riesgos que enfrenta la economía colombiana es el continuismo en políticas populistas, antiempresa y que ponen en duda el estado de derecho. En septiembre del año pasado el candidato de la Espriella anunció que su meta de que "todo el mundo en Colombia tenga su casa propia" requería financiación, "pero no con los créditos usureros de los bancos colombianos del 13% al año", y enseguida la amenaza: "O me dan crédito del 2% al año por 30 años para la gente o le abro la puerta a los bancos extranjeros". Cualquiera pensaría que su dicho se explicaba por la ignorancia: del mercado de vivienda, de la definición legal de usura, del funcionamiento del sistema financiero y de la macroeconomía. No. Justo antier, al ser preguntado sobre si había "conversado con los bancos", afirmó que "No tengo nada que hablar con la banca" y anunció que hablará con "ellos cuando esté electo presidente y les voy a decir, miren, ustedes están cobrando el 16 de intereses hipotecarios (sic)… me prestan a la gente el 2% real (sic)". Tras lo cual repitió su amenaza: "si no, le abro la puerta a los bancos de afuera". Ante su persistencia, tocará creerle que, de llegar al poder, buscaría con firmeza poner en práctica tal política. El problema es que su oferta es inconstitucional, imposible, inconveniente e increíble. Inconstitucional, pues la autoridad crediticia es el banco central, autónomo e independiente, no el gobierno, que a lo sumo tiene responsabilidades de regulación y supervisión financiera. A menos que el candidato vulnere la Constitución, apropiándose de la potestad del Banco de la República —otra deriva autoritaria más—, sería imposible poner en práctica su ‘idea’. La economía no soportaría cuatro años más de intentos de romper las instituciones para consolidar una deriva autoritaria que concentre poder en el despacho presidencial. El control del precio del crédito —en 2 o 3% fijo— es inconveniente, pues todo control de precios reduce la oferta, lo que agrava y profundiza la escasez que el candidato quiere superar. Esta represión financiera nos devuelve a los años setenta y continúa las propuestas populistas de crédito dirigido con base en inversiones forzosas que ha hecho el actual gobierno, pero peor. Lo increíble es el garrote que blande el candidato: "la entrada de los bancos de afuera" la permitió el Congreso desde 1990, cuando el gobierno desnacionalizó la banca y levantó las restricciones a la entrada de bancos extranjeros en el sistema financiero. Si el tipo no fuera un riesgo, la amenaza sería divertida. No es tarde: exfuncionarios, empresarios y financiadores que apoyan al candidato deben reparar en el riesgo que representa y abandonarlo. Como él dice: "No vine a hacer la política de siempre, yo vine a cambiar la política". El continuismo es Abelardo, pero peor.
X: @jorgearestrepo