Sábado, 16 de Mayo de 2026

Colonialismo tecnológico

ColombiaEl Tiempo, Colombia 16 de mayo de 2026

El otro día salí de una reunión de trabajo difícil y, de repente, no sé qué oprimí en el celular y este empezó a decirme que, si tenía problemas de comunicación con fulanito, me recomendaba seguir ciertos consejos

El otro día salí de una reunión de trabajo difícil y, de repente, no sé qué oprimí en el celular y este empezó a decirme que, si tenía problemas de comunicación con fulanito, me recomendaba seguir ciertos consejos. Eso me molestó profundamente porque no recordaba haberle dado permiso para inmiscuirse en mi vida privada, escuchar mis reuniones y mucho menos porque le hubiera pedido asesoría sicológica. Al investigar el asunto encontré que los expertos llaman a esa intromisión "colonialismo tecnológico", en oposición al colonialismo clásico, ese que ocurre cuando alguien invade un territorio, identifica sus riquezas y monta una estructura para extraerlas. Hoy las grandes empresas tecnológicas invaden nuestra vida de una manera menos agresiva, pero mucho más eficaz, a través de aplicaciones gratuitas y recomendaciones personalizadas. Ya no usan armas. Usan algoritmos que analizan nuestras conversaciones, amistades, gustos, recorridos, emociones, ritmos de sueño, pulsaciones del corazón, dudas íntimas y, en general, la enorme cantidad de datos que producimos y entregamos felices porque creemos que nos están ofreciendo algo útil y, sobre todo, gratis. Pero no es así. Mientras nosotros padecemos de ceguera voluntaria, o wishful blindness, esa información se convierte en un insumo económico fundamental para las grandes empresas tecnológicas, en su mayoría ubicadas en el norte global. Ellas miden, clasifican y negocian todos esos datos porque allí está el verdadero negocio, en su capacidad para predecir comportamientos, anticiparse a nuestras decisiones, vender publicidad más segmentada y entrenar sistemas de inteligencia artificial. Ulises A. Mejias y Nick Couldry sostienen en una investigación titulada ‘Data Grab’ que todavía hay margen para reaccionar si los países regulan qué información puede recogerse, cómo puede usarse, quién gana dinero con ella; cuáles datos, por ser sensibles, íntimos o estratégicos, deben quedar protegidos; si exigimos transparencia sobre lo que capturan estas "nuevas potencias coloniales" y si nos negamos a aceptar que el trabajo cultural de millones de personas siga alimentando la economía digital sin compensación ni reconocimiento. Ni más ni menos, uno de los grandes retos de nuestro tiempo.
Invasión de la vida privada
Natalia Tobón Franco
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