Resistimos y avanzamos
América Latina abunda en historias de democracias interrumpidas, golpes de Estado, economías colapsadas y generaciones desperdiciadas
América Latina abunda en historias de democracias interrumpidas, golpes de Estado, economías colapsadas y generaciones desperdiciadas. Por eso el caso colombiano merece una mirada equilibrada y menos atrapada en el pesimismo. No somos una nación perfecta. Hemos sufrido violencia política, narcotráfico, terrorismo, corrupción, desigualdad y profundas fracturas sociales. Sin embargo, durante los últimos treinta años logramos algo extraordinario: avanzar y modernizarnos sin renunciar a la continuidad democrática, pese a una de las violencias internas más prolongadas del mundo. La combinación de institucionalidad y transformación económica mejoró las condiciones de vida de millones de compatriotas, haciendo de Colombia una experiencia singular en América Latina. Mientras la región atravesaba largos períodos de autoritarismo, Colombia preservó elecciones regulares, funcionamiento del Congreso, independencia judicial, prensa libre, actividad empresarial privada, generación de empleos y crecimiento de la clase media. Fue sorprendente nuestra capacidad de resistir simultáneamente guerrillas, narcotráfico, terrorismo, secuestros masivos, paramilitarismo y asesinatos políticos sin que el Estado y la sociedad colapsaran. Durante las décadas más violentas, las universidades siguieron funcionando, la economía creció, los empresarios invirtieron y nuestras instituciones sobrevivieron. Pocos países enfrentaron tantas amenazas simultáneas por tanto tiempo. Pero a pesar de ellas, Colombia protagonizó una profunda transformación social. Pasó de ser una sociedad predominantemente rural a convertirse en un país urbano y de servicios. Millones de personas accedieron a educación superior y se ampliaron las oportunidades. La economía desarrolló una diversificación poco común. Construyó capacidades en manufacturas, agroindustria, banca, energía, flores, café, turismo, tecnología, servicios y economía creativa. Ecopetrol, ISA y EPM son referentes regionales de capacidad técnica e internacionalización. En dos décadas, avanzamos aceleradamente en bancarización, gobierno digital y emprendimiento. Carreteras, túneles, puertos, aeropuertos, fibra óptica y cobertura digital cambiaron un país históricamente aislado por su geografía. Poco reconocido es el avance ambiental desde la Constitución del 91. Pasamos de una visión extractivista del desarrollo a una institucionalidad ambiental avanzada. Hoy entendemos que la biodiversidad no es solo patrimonio natural, sino nuestro activo estratégico global. La Amazonia, la Orinoquia, los páramos, las selvas tropicales y la Colombia bioceánica nos convierten en potencia ambiental en bioeconomía, seguridad hídrica y transición energética. Hemos protagonizado un avance significativo de las mujeres en espacios históricamente masculinos. Hoy lideramos universidades, empresas, ministerios, altas cortes, Fiscalía, participamos activamente en todos los sectores de la vida nacional y estamos cerca de tener una mujer en la Presidencia. Esta elección presidencial significara la consolidación democrática, o, validar los ataques a la independencia de la justicia, del Congreso y del poder electoral ; la muerte de los políticos y militantes de la oposición y caminar con los ojos abiertos hacia el precipicio de una constituyente innecesaria pero que, con la oferta de redistribuir la riqueza nacional, incendiará el país para justificar, por fin, la declaratoria de conmoción y determinar a la fuerza el futuro de todos. Debemos continuar avanzando. Las sociedades que desconocen sus logros debilitan la confianza colectiva necesaria para corregir errores y construir juntos un futuro mejor. Colombia tiene capacidades excepcionales. El desafío actual no es destruir lo construido ni alimentar discursos de odio, sino fortalecer instituciones, cerrar brechas de pobreza y desarrollar oportunidades para todos. Tomar conciencia de nuestro progreso invita a votar masivamente, defender la democracia, la legalidad y la confianza en nuestra capacidad de generar progreso incluyente, pacífico y sostenible.
Gracias a la democracia
Marta Lucía Ramírez
El desafío actual
no es alimentar discursos de odio, sino fortalecer instituciones, cerrar brechas de pobreza y desarrollar oportunidades para todos.