Una educación que expulsa
La caída en el número de estudiantes que presentan las pruebas Saber 11 no es un fenómeno aislado ni coyuntural
La caída en el número de estudiantes que presentan las pruebas Saber 11 no es un fenómeno aislado ni coyuntural. Es, en realidad, una señal estructural de un sistema educativo que enfrenta limitaciones en calidad, en cobertura efectiva y permanencia. En 2025, 10.206 estudiantes menos presentaron el examen frente a 2024 y el país aún está lejos de recuperar los niveles previos a la pandemia, con 11.000 evaluados menos que en 2019. Pero el dato más inquietante es su composición: cerca de 15.000 jóvenes de los niveles socioeconómicos más bajos dejaron de presentarlo en un solo año. Esta tendencia refleja una doble fractura. Por un lado, el sistema sigue sin garantizar trayectorias educativas completas, especialmente en estratos vulnerables. Por otro, evidencia una pérdida de sentido del examen para una parte de la población, que no ve incentivos para culminar el ciclo educativo. La consecuencia: menos estudiantes evaluados implica menos oportunidades de acceso a educación superior y, por ende, una ampliación de las brechas sociales. El problema se agrava cuando se contrasta con los resultados académicos. El puntaje promedio nacional apenas creció 1,5 puntos, avance marginal que no modifica el rezago en aprendizajes. Más aún, cerca del 70% de los estudiantes se ubican en los niveles más bajos en áreas clave y en inglés no logran comprender textos básicos. Es decir, menos estudiantes y los que permanecen no logran niveles satisfactorios. Frente a este panorama, las salidas deben ser integrales. Primero, es urgente fortalecer estrategias de permanencia escolar en niveles socioeconómicos bajos. Segundo, alinear el examen con incentivos reales: acceso a becas, formación técnica o empleo, de manera que los jóvenes perciban un valor tangible en presentarlo. Tercero, fortalecer el rol de los colegios públicos y los docentes en la motivación y preparación de los estudiantes, reconectando la evaluación con un propósito formativo. Esta evidencia muestra que donde hay mayor presencia de iniciativas del sector privado, los resultados mejoran. Incentivar estas alianzas es clave para elevar la calidad y para recuperar a los jóvenes que hoy están por fuera del sistema.