La Nación, Costa Rica
27 de mayo de 2026
Artículo de opinión: Con jugadores así y una comisión de fiestas en la Selección, cómo íbamos a ir al Mundial
Buenos para salir de noche, sin importar que al día siguiente haya entrenamiento. Comprometidos con la fiesta por encima de todo, pues en la vida hay prioridades. Y sin miedo a la goma, porque esta generación no le teme a nada: así son los futbolistas que dejaron sin Mundial a Costa Rica.
Vamos a partir de una hipótesis: los ejemplares deportistas que se van de copas el día antes de una concentración, hasta altas horas de la madrugada, no empezaron tan edificante práctica después de noviembre, cuando quedamos eliminados de la Copa del Mundo con una desastrosa eliminatoria.
Es lógico pensar que la comisión de fiestas está activa desde mucho antes, como mínimo a lo largo del 2025, cuando Costa Rica se jugaba su participación mundialista. Y no es que todos los seleccionados lo hicieran, pero sí hay pruebas de un grupo significativo que llevaba el peso del equipo.
Sabemos que profesionales comprometidos como Keylor Navas y Manfred Ugalde, o veteranos convocados al final como Joel Campbell y Celso Borges, conocen bien cómo se comporta un futbolista de élite. Pero ese código de conducta no lo utilizan todos, según quedó comprobado esta semana.
El descanso, la recuperación, la total concentración física y mental es determinante en el alto rendimiento. A los aficionados -y a los propios jugadores- quizás les cuesta entender esto: que los atletas necesitan más de ocho horas de sueño para su óptimo rendimiento, que no le pueden meter al cuerpo grasas y mucho menos otras sustancias, que lleva las de ganar el que entrenó a conciencia y no el que estaba sudando las birras de la noche anterior.
Todo ese entrenamiento invisible incide directamente en las posibilidades de éxito de un jugador y un equipo. En los clubes y selecciones profesionales, eso se les explica con detalle a los futbolistas desde categorías menores.
Por si el sentido común no bastara, la nutricionista, el médico, el entrenador, los asistentes, los fisioterapeutas, todos les avisan a los muchachos, desde que tienen 14 años, que no pueden alimentarse con Picaritas y gaseosas (mucho menos con bocas de cantina); que es indispensable dormir bien, en horario regular, y que no le deben permitir a las redes sociales o los videojuegos arrancarles horas de sueño.
Cuando un futbolista llega a la Selección Mayor, por joven que sea, ya esto lo ha escuchado miles de veces. El que no quiera hacer caso, es porque no respeta su profesión, o no se sabe controlar y por eso no le importa arriesgar todo su futuro a cambio de un balde de 6 por el precio de 5, aproveche.
El mensaje que da el nuevo entrenador de la Selección, Fernando Batista, al sacar a tres jugadores, va en la línea correcta. Significa un radical giro con respecto al anterior técnico, ese que manda saludos a Costa Rica en las transmisiones de TUDN -tan apreciado que es aquí- y que en setiembre pasado, cuando Alajuelense sancionó a un jugador por otro caso de indisciplina, lo premió llamándolo a la Tricolor casi al día siguiente.
Esta generación de jugadores ya nos echó a perder un Mundial y por lo visto tienen ganas de seguir la fiesta. Obviamente, también hay responsabilidad del entrenador y los dirigentes, que en el proceso pasado no parecen haber actuado con firmeza.
Y un apunte final: la cobertura de estos temas tan delicados también es una oportunidad para que los periodistas revisemos los parámetros éticos y de calidad. Decir, aunque sea de manera indirecta, que a un jugador -y además legionario, que vino desde Estados Unidos- lo sacaron de la Selección porque se pasó de cuarto sin avisar, es subestimar demasiado el IQ de la audiencia.