¿Quién quiere ser populista?
Julián López Murcia, DPhil
Son tiempos difíciles para quienes creemos que el mejor camino para Colombia es la democracia liberal, y nos oponemos al populismo de cualquier signo ideológico
Julián López Murcia, DPhil
Son tiempos difíciles para quienes creemos que el mejor camino para Colombia es la democracia liberal, y nos oponemos al populismo de cualquier signo ideológico. Mucho más, si uno procura ser una persona razonable, es decir, abierta a argumentos y evidencia nueva. En el debate público y en las conversaciones cotidianas, quienes ven el mundo en blanco y negro parecieran tener mayor dominio. Como no pocos se resisten a reconocer los rasgos populistas de los candidatos que apoyan, vale la pena revisar qué es el populismo, cómo gobierna, y qué deberíamos hacer quienes nos oponemos a su apoderamiento de las instituciones colombianas. Para este ejercicio, tomaré prestadas las ideas del ensayo ¿What Is Populism?, publicado hace una década por Jan-Werner Müller, uno de los análisis más rigurosos que existen sobre este fenómeno global. Como explica Müller, en campaña, a los populistas no solo los caracteriza el tono combativo y su crítica a las élites —casi siempre con una fuerte carga moral—, sino la combinación de ese discurso con un fuerte rechazo al pluralismo: quien no los apoya no hace parte del pueblo. Solo ellos pueden representar legítimamente a ese pueblo y, por tanto, sus diagnósticos y propuestas no admiten corrección: el pueblo no se equivoca. Cualquier evidencia que contradiga sus posiciones es irrelevante o está manipulada. Descripción que aplica con igual rigor desde Chávez hasta Bolsonaro. Cuando llegan al poder, explica Müller, no buscan gobernar para todos sino consolidar su control: colonizan el aparato estatal, distribuyen recursos mediante clientelismo y otras formas de corrupción, y desactivan la crítica en la sociedad civil. Todo esto, subraya Müller, con justificación moral: es la voluntad del pueblo la que están ejecutando. Y buscan reformar o sustituir las reglas constitucionales para garantizar la permanencia en el poder de su visión de la voluntad popular. Sería temerario votar por un populista esperando un comportamiento diferente. ¿Qué deberíamos hacer quienes nos oponemos al populismo? Reconocer, como explica Müller, que el crecimiento electoral del populismo no es un accidente ni una patología colectiva: es la evidencia de que hay amplios sectores de la población que no se sienten representados. Tratarlos como ciudadanos engañados o como víctimas de sus propias emociones no solo es injusto sino contraproducente. El verdadero desafío no es solo ganarles las elecciones a los candidatos populistas, sino implementar exitosamente políticas que atiendan las preocupaciones de sus votantes (discriminación, inseguridad, desempleo, entre otras). Ignorarlos o mirarlos con desdén es el mejor combustible para el populismo que queremos combatir.
Director de Nalanda Analytica.