Sábado, 30 de Mayo de 2026

Laicismo y laicidad

UruguayEl País, Uruguay 30 de mayo de 2026

La voz laicismo fue objeto de un enérgico rechazo por parte de la Iglesia católica, y le introdujo una fuerte carga peyorativa al hacerla sinónimo de intolerancia.

Las palabras laicismo y laicidad figuran como sinónimos en el Diccionario de la Lengua Española. Lo mismo ocurre en el diccionario de Joan Corominas, en el María Moliner y en diccionarios de otros idiomas derivados del latín.

Solamente la Iglesia Católica hace una distinción entre estas voces, lo cual puede llevar a confusión en cuanto a su alcance. La voz laicismo fue objeto de un enérgico rechazo por parte de la Iglesia católica, y le introdujo una fuerte carga peyorativa al hacerla sinónimo de intransigencia y de intolerancia. Ninguna otra religión sostiene esta distinción, ni siquiera otras cristianas.

Esta singularidad de los católicos me intrigó y me puse a investigar la evolución y el uso de estas denominaciones en la historia.

Laicismo es la voz más antigua. Laicidad se introdujo recién en la edición 23 del DRAE en 2014 como sinónimo de laicismo y aconfesionalidad.

La estigmatización de la voz laicismo no corresponde a la intención de quienes procuraron la separación del Estado con las iglesias, sino a la descalificación pontifical desde el inicio del proceso de secularización. En efecto, a partir de la Ilustración, la Revolución Francesa, y la independencia de las nuevas repúblicas, los papas han abominado del laicismo. Algunos ejemplos:

"Se procura por toda clase de medios y de amaños dar a la juventud maestros depravados que los conduzcan a los caminos de Baal, por medio de doctrinas contrarias a las de Dios, y con cuidado asiduo y pérfido, contaminen por sus enseñanzas, las inteligencias y los corazones de aquellos a quienes instruyen."

Pío VIII, Traditi, 1829

"Impugnadas y desechadas las verdades sobrenaturales de la fe como enemigas de la razón, el mismo Autor y Redentor del género humano es desterrado, insensiblemente y poco a poco, de las Universidades, Institutos y Escuelas y de todo el conjunto público de la vida humana."

León XIII, Quod Apostolici Muneris, 1878

En 1905 la Asamblea de Francia aprobó la ley de Separación de las Iglesias y del Estado, cuyo artículo 1o. disponía: "la República asegura la libertad de conciencia y garantiza el libre ejercicio de los cultos con las solas restricciones que la ley prevea en el interés del orden público". No era una norma adversa a la religión; correspondía a una etapa más en la construcción del Estado laico. En febrero siguiente, el papa Pío X emitió la encíclica Vehementer nos para censurar esa ley, agregando que la laicización de hospitales y escuelas era un acto contrario a Dios.

"Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos". "Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados."

Pío XI, Quas primas, 1925

En Ubi arcano equipara la educación laica a un acto antirreligioso.

Es el papa Benedicto XVI, un insigne teólogo, quien encuentra la manera de aceptar la laicidad moderna sin desmentir a sus predecesores. En su discurso al 56 Congreso Nacional de la Unión de Juristas Católicos Italianos en 2006 establece esta distinción: Una "sana laicidad" debe aceptar símbolos católicos en el espacio público, así como aceptar la tutela moral de la Iglesia en sus leyes.

"Ciertamente no es expresión de laicidad, sino su degeneración en laicismo, la hostilidad contra cualquier forma de relevancia política y cultural de la religión; en particular, contra la presencia de todo símbolo religioso en las instituciones públicas.", dice Benedicto y agrega: "Tampoco es signo de sana laicidad negar a la comunidad cristiana, y a quienes la representan legítimamente, el derecho de pronunciarse sobre los problemas morales que hoy interpelan la conciencia de todos los seres humanos." Este discurso que separa una buena laicidad y otra mala o laicismo ocurre en todo el mundo en este siglo. También en Uuguay.

Lo que el papado rechaza no es una serie de actos o decisiones contrarias al dogma religioso, sino un conjunto de medidas que en nuestro tiempo nadie, ni siquiera las iglesias, objeta. El laicismo al que se aludía no tenía ni tiene un sentido antirreligioso, y admitir que las reformas del siglo XIX y de principios del XX sí correspondían a un objetivo contrario a las fes y a los dogmas religiosos carece de sustento histórico y jurídico.

Con el objetivo de no parecer radicales y fanáticos, pero a la vez convalidar los documentos pontificales, los católicos de este siglo hacen una distinción que no es académica sino política.

La lengua es el mejor medio para generar entendimiento; se debe tener el mayor cuidado para no convertirla en un instrumento que propicie la confusión y el desconcierto.
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