Prodigiosa creación de riqueza
¿Cómo se financia un Estado si no hay suficientes contribuyentes, porque no hay suficientes empleos?
El vertiginoso avance de la inteligencia artificial está creando debates de diversa índole en la sociedad. Dos de ellos -el relativo a la posible destrucción de puestos de trabajo, y el de la inmensa concentración de riqueza en pocas manos que ella estaría generando- tienen insospechadas conexiones entre sí.
En efecto, si el acelerado desarrollo de la IA, no solamente en la dirección que actualmente está avanzando, que ya está destruyendo trabajos de cierta sofisticación intelectual, sino que, además, su incursión en la producción de humanoides con capacidades para desplazar a los humanos en tareas manuales de menor sofisticación intelectual se concreta, las sociedades modernas podrían enfrentar un escenario de gran destrucción de empleos, sin que la creación de nuevos sea capaz de compensarla plenamente.
Por otra parte, si un escenario de ese tipo efectivamente se da, ello habrá sido el resultado de un arrollador éxito tecnológico y comercial de las compañías involucradas, y una consecuente prodigiosa creación de riqueza para sus accionistas. Los trillones de dólares en los que se transan varios de los participantes en esta industria, junto con los que se acercan aceleradamente a esa cifra, dan cuenta de que esto sería solo el inicio.
¿Cómo se financia un Estado si no hay suficientes contribuyentes, porque no hay suficientes empleos? Y si el Estado no tiene los recursos que necesita, ¿cómo apoyará a los nuevos y generalizados cesantes que van a estar surgiendo? Este es el tipo de preguntas que es necesario plantear, para anticipar escenarios y estudiar posibles soluciones. La sola tasa de impuesto que paguen las empresas tecnológicas no asegura que ello sea suficiente; subir la tasa solo para ellas trae consigo una serie de distorsiones económicas inconvenientes, las que pueden trasladarse, además, a otros sectores productivos. Algunos han especulado que sería mejor que la sociedad como un todo se beneficiara de ese mayor valor, vía los fondos de pensiones que invierten en esas empresas, como ocurre para los trabajadores en Canadá, o porque haya inversiones del Estado directamente en ellas, y que sean los dividendos que este reciba los que se destinen, de alguna manera, al bolsillo de los ciudadanos.
A las preguntas anteriores se agrega la del impacto que puede tener para el funcionamiento de las sociedades el que un grupo muy pequeño de personas concentre tanta riqueza y, como consecuencia de ello, un poder casi desconocido. Este ya sido insinuado por el que actualmente ejerce Elon Musk, por ejemplo, por sus intervenciones en las decisiones políticas de los países, o por la incidencia alcanzada por otras figuras de Silicon Valley en las determinaciones de la administración Trump.
Son debates que están solo comenzando.