Por qué votaré por Paloma
Muchos critican que los columnistas revelemos por quién vamos a votar
Muchos critican que los columnistas revelemos por quién vamos a votar. Opinan que es un acto de vanidad. Yo, por el contrario, toda mi vida he pensado que es un acto de honestidad y por eso nunca he dejado de hacerlo a lo largo de mi carrera periodística de 50 años. Voy a votar hoy domingo por Paloma Valencia. Y parte del acto de honestidad es decir por qué. De lejos, es la mejor candidata, la más completa, la más estudiosa y disciplinada y con la trayectoria más honesta. La acompaña un equipo de gente magnífica que se dio cita en la Gran Consulta por Colombia; y luego de uno de los procesos democráticos más bonitos imaginables, ella se ganó su candidatura. Es impreciso de sus críticos que Paloma les llevaba a los demás la ventaja de tener congresistas. Juan Daniel, su fórmula presidencial, no tenía ni uno y alcanzó el segundo lugar. Y mientras el candidato Cepeda no dice absolutamente nada, y Abelardo solo ruge, entre Paloma y Oviedo dominan el tema de la salud, el energético, el de educación, el tema fiscal y, desde luego, el de la seguridad. En eso es clarísima: con el "corazón grande de mujer que entiende", tendrá cero tolerancia con la violencia. En el pasado y presente ha defendido a nuestras Fuerzas Armadas política y jurídicamente, sin perder el sentido de la crítica. Luego no debe estar esperando de ellas un apoyo oportunista o simplemente institucional, sino sincero y comprometido con su gobierno. Conoce de lleno los estragos de la ‘paz total’ y no está dispuesta a prolongarlos, aunque advierte, con su gran mentalidad pluralista que le conviene mucho al país —garantiza espacio para escuchar todas las opiniones y, a partir de ahí, encontrar el camino correcto—, que ella siempre estará abierta al diálogo, pero no le temblará la mano firme contra los violentos y los corruptos. De manera que no me da ninguna preocupación que Colombia quede en sus manos y en las de Juan Daniel Oviedo, preparadísimo. Juntos han logrado construir una pareja con diferencias creativas; ambos, a su manera, uno como mujer y otro con su alternativa de género diverso, estarían permitiendo al país un salto cuantitativo en la lucha por la igualdad de oportunidades que debe ser, al fin y al cabo, el corazón de una sociedad que entiende que el progreso no consiste en que el Estado se lo regale todo, sino en que cada día garantice más puertas abiertas a cuantas oportunidades sean posibles. Ahora: mi admiración por Paloma y Juan Daniel no me impide decir que la campaña no ha sido la mejor. La de De la Espriella ha sabido reaccionar a tiempo, cubrir flaquezas, explotar ventajas y transmitir asertivamente el mensaje. De manera tan sorprendente que incluso mucha gente que no gusta del personaje lo ha habilitado mentalmente como el que puede derrotar a Iván Cepeda para que no se prolongue la horrible noche que ha sido el desgobierno de Colombia. Si pudiera pedirle una sola cosa a Abelardo, por si logra pasar a segunda vuelta, es que no siga exhibiendo su riqueza como un valor moral. El peor ejemplo para los colombianos; culpable de gran cantidad de nuestros males, porque el concepto ha venido calando desde el pasado como escuela cultural del narcotráfico. No sé si esta súplica será escuchada por Abelardo, pero la dejo como constancia histórica. De la campaña de Cepeda, ni hablemos. Muy pronto entendió que debía galopar sobre la popularidad del populismo petrista. Por eso mismo los papelitos que lee jamás fueron más evidentes: ni una palabra contra Petro saldrá de su boca. Ahora: Cepeda nunca ha ocultado sus antecedentes de salud, soy testigo; pero como hasta al más sano le ocurren adversidades, a estas alturas preocupa si está consciente de que, máxime cuando podría ser quien lo reemplace, Aida Quilcué pertenece a una cultura donde rigen autoridades, jueces, leyes distintos y medicina ancestral que no sabemos si se estrellen contra las de la mayoría del país, si ella queda al mando del Estado colombiano. Entonces, sí. La campaña de Paloma habría podido plantearse mucho mejor, sin duda. La debieron dejar ser más Paloma. Tal vez la uribizaron demasiado sin necesidad, nadie iba a dudar de la cercanía. Y, desde luego, no estoy de acuerdo con Daniel Briceño, gran aporte de la democracia al Congreso, con que la culpa de las dificultades electorales de Paloma la tenga la escogencia de Oviedo, cuya llegada a la campaña precisamente le dio uno de los momentos de mayor brillo. ¿Entonces, a qué se atribuye la estampida uribista hacia Abelardo? A que hizo carrera un concepto que riñe con la conciencia: hay que votar por quien, según las encuestas, esté más cerca de derrotar a Cepeda. Riñe porque no puede ser que Gustavo Petro nos tenga en estas: en que la brújula moral nos la manejen y no seamos nosotros. La segunda vuelta será otro día. En primera, repito, votaré por Paloma Valencia, porque eso es lo que me dicta mi tribunal interior.
Primera vuelta
María Isabel Rueda