El ex vicecanciller Nicolás Albertoni asegura que "no estar con ninguno de los polos en tensión" en el nuevo mapa mundial, aunque algunos piensen que es lo conveniente, resulta un gran error.
El mundo cambió y la caja de herramientas que usábamos para la geopolítica no es la de hoy, asegura Nicolás Albertoni, afirmando que debemos adaptarnos a un mundo donde la discusión es sobre geoeconomía. "Las cadenas de valor son el eje de la economía global" y están detrás "de la reconfiguración de las estrategias", indicó. Para el ex vicecanciller, la polarización de hoy "es diferente", en el entendido que ya no responde a dos bloques ordenados de cada lado, "sino a un alineamiento que depende de la línea temática y que se mueve". Y en ese contexto, no ser proactivo con ninguna potencia "podría ser interpretado en sí mismo como una forma de alineación: un no a cada una de las partes en tensión de poder", afirmó, en relación al papel de los países menores en esta nueva configuración. A continuación, un resumen de la entrevista.
¿Cómo definiría la incertidumbre general que estamos viviendo?
En primer lugar, no creo que el mundo se esté desglobalizando, sino que se está reglobalizando. Es indudable que la interconexión que tenemos en términos geoeconómicos es mucho mayor que décadas pasadas, basta con ver que en los años ´90 había unos escasos 40 acuerdos comerciales en el marco de la OMC y hoy hay casi 600. Y el 70% del comercio de bienes es de bienes intermedios, quiere decir que es un bien que está esperando el encadenamiento con otro y convertirse en un producto final. Esto muestra que las cadenas globales de valor son el eje de la economía global, por tanto, esa lógica de desglobalización sobre la que se debate a menudo no es real, sino que de lo que estamos siendo testigos es de una reconfiguración del mundo en términos de poder, donde claramente la centralidad de algunos actores globales tradicionales (países e instituciones) ya no es tal. Por ejemplo, en las últimas décadas vimos el final del poderío centralizado y consolidado que tenía Estados Unidos. Después, pasamos a ese mundo quizá de cierta multipolaridad en los tiempos de Merkel, Obama, Xi y Putin; y hoy pasamos a una lógica diferente, a la que desde Uruguay deberíamos prestarle atención, que es una bipolaridad sistémica.
¿Qué es lo que define esa nueva bipolaridad?
No se trata de aquella bipolaridad tradicional, como en los tiempos de la Guerra Fría, con dos polos monolíticos. Ahora es sistémica: dependiendo de la línea temática es cómo se reconfigura en dos polos. Una lógica de posicionamiento que va de temas medioambientales, cuestiones de defensa, energía, comercio, o alineamientos distintos de acuerdo con la materia que esté en debate. Cuando nos movíamos en base a una bipolaridad consolidada y estructural, y veíamos un mundo de "buenos y malos", partíamos de la premisa de que lo que yo pensara sobre un tema, quien estaba en el otro bloque iba a pensar siempre distinto. Y hoy los cortes son diferentes.
¿Y en ese juego dónde quedan los países de menor porte?
Creo que, a países como el nuestro, que muchas veces se sienten motivados a "mantener silencio" en contextos como estos, esta nueva realidad debería llevarlos a cambiar la mirada. Muchos creen que no estar en ninguno de los polos de poder puede ser una buena estrategia, pero hoy eso puede ser un error. Sucede que, bajo esta nueva lógica geoeconómica, no ser proactivo con ninguna potencia podría ser interpretado en sí mismo como una forma de alineación: un "no" a cada una de las partes en tensión de poder. El problema es que el debate pasó de la geopolítica a la geoeconomía. Antes, estar de un lado u otro, era defender determinados "valores". Hoy implica defender mi lugar económico como país en un mundo donde las cadenas de producción están cada vez más interconectadas.
Las herramientas para el diseño de la política exterior en esta "era de geoeconomía", ya son las mismas que en la "era de la geopolítica". Por ejemplo,antes, el no alineamiento podía ser, en otro contexto, una forma de tomar distancia del ruido de la tensión política, lo cual no estaba mal. Pero hoy también puede alejarnos del "ruido" donde se está reordenando la producción mundial. Y eso sí puede ser riesgoso. Hablar de un pragmatismo pasivo hoy es medir tácticamente la política exterior con ojos geopolíticos (de antes) y no geoeconómicos. Ser pragmáticos hoy puede resultar cómodo políticamente, pero generar costos económicos de mediano plazo.
Dado que la nueva dinámica de globalización está más basada en el poder que en las reglas, ya no parece valer tanto aquello de pegarse a las normas y reclamar lo mismo a los demás.
Hoy la economía se convirtió en un instrumento de poder, y entender eso es clave en esta nueva realidad; aranceles, subsidios, minerales críticos, hoy son la nueva caja de herramientas de la política exterior de muchos países, inclusive como instrumento de defensa. Para un país como el nuestro, que apostamos a un estrecho lazo regional como principal definición de inserción, hoy eso puede convertirse en una debilidad. La regionalidad excesiva es una vulnerabilidad; mantener únicamente una lógica regional no es una buena elección. Cuando sabemos que hoy difícilmente se crece solo desde una región, las relaciones hay que consolidarlas a nivel global y, de nuevo, de acuerdo con cuestiones que nos acercarán más a unos que otros, dependiendo de los temas y objetivos.
Entonces, ¿cuáles deberían ser las bases de esa estrategia?
Hoy estamos todos caminando hacia una apertura que por suerte se ha continuado tras años de insistencia. Muchas veces nos preocupa que estemos lejos de los procesos que ocurren en el mundo, por eso debemos considerar un hito histórico el pedido de ingreso al Transpacífico que llevamos adelante durante el gobierno anterior, que es el primer acto de bilateralidad de gran magnitúd que tuvo Uruguay en décadas. Lo mismo digo sobre el camino que se inició recientemente con el RCEP, que ojalá avance.
¿En la misma línea está el acuerdo del Mercosur con Unión Europea?
El cierre con la UE fue empujado por las circunstancias del contexto internacional, sobre todo desde el lado europeo. No se trata de disminuir el mérito de que se haya cerrado luego de tantos años, pero no debemos dejar de ver que el Mercosur sigue teniendo enormes debilidades como instrumento, y la muestra está en que lo único que tenía que decidir y negociar puertas adentro del acuerdo marco eran las cuotas y se sigue sin encontrar acuerdos. ¿A qué tipo de diálogo con EEUU debemos aspirar en este contexto?
Hoy Estados Unidos es un socio estratégico de Uruguay. No solo no hay que darle la espalda obviamente, sino que además debemos ser proactivos en manifestar nuestro interés de mantenernos como un socio estratégico. Estados Unidos es mucho más que un gobierno de turno y hoy tiene demasiados frentes abiertos como para pretender que sea quien nos esté buscando. Hay que ir a tocar la puerta. Perdimos "trenes" en el pasado, pero hoy, cuando algunos que antes no estaban convencidos parecen finalmente estarlo, hay que ir a buscar lo mejor que podamos lograr.
Pero, ¿qué deberíamos hacer que no se esté haciendo para acrecentar esa relación con Estados Unidos?
Que si vamos a China, lo que está muy bien, también hay que ir a Estados Unidos. Entiendo que el gobierno ha manifestado su intención de una visita oficial a Estados Unidos, sería muy importante concretarla antes de que Estados Unidos se sumerja en clima de elección hacia noviembre. Tenemos un acuerdo marco con Estados Unidos, que nos da pie para ir y decir que queremos tener beneficios y señales comerciales positivas, como lo han logrado Argentina y en gran medida Brasil.
En el actual esquema global, ¿dónde juega Europa?
Yo creo que Europa enfrenta el desafío de seguir siendo una potencia como la que fue, pero hay aspectos que hoy no ayudan; hoy Europa es mucho más un socio visto desde la regulación que desde la innovación. Su extrema dedicación a la regulación le ha limitado también su brazo y su músculo innovador. De todos modos, cabe destacar que en los últimos meses empieza a aparecer una Europa más activa, por ejemplo, a través de los avances con el Mercosur, con India, y con Australia. Pero padecimos varios años desde Latinoamérica una baja proactividad desde Europa. El mundo de alta tensión con Trump, Putin y Xi, que hoy vivimos terminó impactando positivamente en Europa. El susto de lo que puede llegar a ocurrir, terminó despertando a la Unión Europea.
Y en esa distribución de roles, América Latina ofrece alimentos, energía, minerales; ¿podemos estar ante una nueva etapa de primarización?
Ya no es solo quién tiene los minerales o la energía, sino quien tiene la tecnología y la logística para darle uso. El mundo que se viene nos marca una necesidad de políticas innovadoras y tecnológicas hacia un mejor aprovechamiento de nuestro valor agregado. Otro aspecto importante es la consolidación de las cadenas globales de valor. Las fábricas del mundo se van consolidando; si nosotros no subimos un poco de valor y apostamos a estar en una parte más valiosa de las llamadas "fábricas mundiales", puede que tengamos, lamentablemente, una tendencia a una consolidación de primarización. Debemos entrar rápido en una dinámica de agregar más valor en lo que ya somos buenos, que sin duda va por el mundo de los alimentos, fundamentalmente. Sino podemos estar corriendo un riesgo en que sea mucho más grande la barrera de entrada a esas cadenas en el corto plazo.