Un pilar fundamental de la democracia
La profesora Martha Minow, de la Universidad de Harvard, en su obra Entre la venganza y el olvido escribió: "la justicia transicional es imperfecta, pero sus alternativas -olvido, impunidad o venganza- son mucho peores"
La profesora Martha Minow, de la Universidad de Harvard, en su obra Entre la venganza y el olvido escribió: "la justicia transicional es imperfecta, pero sus alternativas -olvido, impunidad o venganza- son mucho peores". Sin lugar a dudas, no existen modelos de justicia transicional perfectos o libres de críticas. Algunos de ellos, como el argentino, si bien aplicó penas privativas de la libertad a algunos de los máximos responsables de la dictadura, dejó en muchas víctimas un sentimiento de frustración por la ausencia de toda manifestación de arrepentimiento por parte de sus victimarios. Además, la "verdad" fue aquella probada en los juicios, mas no provino de boca de los perpetradores. En el otro extremo, la experiencia sudafricana le apostó a la consecución de la verdad, sin ninguna clase de judicialización. En su momento, la comunidad internacional exaltó ese modelo, en tanto facilitó el tránsito pacífico a la democracia; sin embargo, algunas víctimas han expresado su insatisfacción ante lo que consideran impunidad. A pesar de los reparos, las distintas experiencias transicionales en el mundo tienen como denominador común fortalecer el Estado de derecho y la democracia, fomentan la confianza ciudadana en las instituciones y, sobre todo, previenen la venganza o la perpetuación de ciclos de violencia. Al respecto, la académica sudafricana Priscilla Hayner recalca que "sin verdad, la reconciliación es imposible; sin justicia, la paz es frágil". Sus estudios en más de 40 países demuestran que los procesos de justicia transicional permiten a las sociedades enfrentar su pasado, reconocer a las víctimas y abrir espacios de diálogo fundamentales para la democracia. En Colombia, fruto del Acuerdo Final de Paz, creamos un novedoso modelo de Justicia Transicional Restaurativa que permitió la dejación de armas de la guerrilla de las Farc-Ep y, al mismo tiempo, les ofreció a cientos de miembros de la Fuerza Pública, condenados a elevadas penas privativas de la libertad, tener una segunda oportunidad en la vida. No se trató, como antaño, de una amnistía, sino de un auténtico proceso de rendición de cuentas. Los resultados de este modelo se pueden apreciar en las historias de quienes han encontrado respuestas. "Yo sentía que si no había un organismo como ustedes, que presionara, que estuviera ahí y que nos ayudara, él no habría vuelto a casa", nos dijo Gilberto González, hijo de una víctima de secuestro de las Farc que fue desaparecida y cuyo cuerpo pudimos hallar y entregar a su familia en Cauca a partir de los aportes de los comparecientes. Estas historias de transformación confirman el valor de la justicia que aplica la JEP, cuyos ejes centrales son la participación de miles de víctimas y el reconocimiento de verdad plena. A cambio del reconocimiento completo y exhaustivo los comparecientes deberán cumplir, entre cinco y ocho años de trabajos restaurativos orientados a reparar los daños causados. Entre ellos se encuentran la búsqueda de personas desaparecidas, el desminado humanitario y la construcción de obras civiles. Estas labores serán monitoreadas y verificadas, contarán con el acompañamiento de la Procuraduría y se desarrollarán de cara a las comunidades. Acabar con la justicia transicional sería un gravísimo error histórico, debilitaría nuestra democracia, frustraría las expectativas de verdad de más de 10 millones de víctimas y generaría una profunda inseguridad jurídica tanto para los firmantes del Acuerdo de Paz (cerca de 10.000) como para los comparecientes de la Fuerza Públic (más de 5.000). Además, tendría hondas repercusiones internacionales para el Estado colombiano y, sobre todo, les negaría a las futuras generaciones la posibilidad de conocer lo que ocurrió durante la guerra. * Presidente de la JEP
La justicia transicional restaurativa
Magistrado Alejandro
Ramelli Arteaga
Acabar con la justicia transicional sería un gravísimo error histórico, debilitaría nuestra democracia, frustraría las expectativas de verdad de más
de 10 millones de víctimas...