La gran apuesta de Space X
Si todo resulta como espera Musk, esta oferta pública de acciones podría quedar instalada como un momento definitorio en la historia tecnológica humana.
La apertura en bolsa de Space X -conglomerado de compañías lideradas por Elon Musk, con negocios diversos pero relacionados, como la logística de carga al espacio, los enjambres de satélites que intercambian información con la Tierra, los centros de datos espaciales y la inteligencia artificial- promete recaudar la mayor cantidad de dinero jamás lograda en procesos de este tipo en la historia: entre 75 mil y 80 mil millones de dólares. Así, valoraría a la compañía en más de 1,75 billones de dólares, sobre 100 veces sus ventas anuales, una cifra también casi sin precedentes, todo lo cual implica una gigantesca apuesta respecto de la capacidad de Musk de concretar los sueños y la narrativa que ha construido respecto de la compañía.
Según el prospecto para atraer a los inversionistas entregado por Musk a la SEC (el organismo regulador estadounidense), el 90% de las potenciales ventas futuras de la empresa -28,5 billones de dólares, casi el total del PGB de EE.UU. hoy día- provendría de la inteligencia artificial. Hasta ahora, lo que más se conoce de Space X son sus cohetes, con su portentosa capacidad para reutilizar su primera fase numerosas veces, y que hoy pretende extender a la segunda fase. Pero su plan es mucho más ambicioso: combina la capacidad para llevar carga al espacio a precios unitarios cada vez más bajos, con la instalación de gigantescos centros de datos espaciales alimentados con energía solar, que permitan procesar los crecientes requerimientos de la IA del futuro, y así dotar de liderazgo en ese ámbito a su compañía xAI, o quizás, si ello no ocurriese en la medida a la que aspira, arrendándolos también a terceros. En la actualidad, de las empresas que integran Space X, solo Starlink -los satélites que proveen conexión a internet desde el espacio- es rentable, con ventas por 11,4 mil millones de dólares en 2025 y un margen bruto de 40%. El negocio de cohetes no genera aún utilidades, y aunque está próximo a ello, seguirá consumiendo por un tiempo prolongado gigantescas cantidades de capital para desarrollar la tecnología que baje los costos de llevar carga al espacio a menos de US$ 185/kg. Por su parte, en el rubro específico de la inteligencia artificial, xAI perdió más de US$ 6 mil millones el año pasado. Sus ingresos son relativamente bajos comparados con los de Open AI y Anthropic, sus rivales más importantes, sin las capacidades técnicas que aquellos exhiben, y seguirá siendo un importante consumidor de capital por un buen tiempo más. De hecho, estos dos últimos actores están preparando su próxima apertura a bolsa durante este año, y esperan recaudar entre ambos una cifra cercana a los US$ 130 mil millones de dólares, todo lo cual revela el frenesí competitivo, tanto en lo financiero como en lo tecnológico, en el que se desenvuelve el mundo de la IA, y todo lo que la rodea.
Esta oferta pública podría transformar a Elon Musk en el primer trillonario (en términos estadounidenses) de la historia, si Space X logra ciertos hitos en los próximos años, como cuadruplicar la valoración de mercado con la que salga a bolsa. Esto extiende los debates sobre las capacidades y valor de mercado de la compañía, al poder y riqueza que los personajes, como el propio Musk y quienes están desarrollando la IA, alcanzarán, y las consecuencias que ello podría traer.
Con todo, el mundo financiero y de inversionistas se encuentra expectante ante esta salida a bolsa -también ocurre algo similar con los inversionistas de nuestro país- por la espectacularidad de las cifras involucradas, el tamaño de la apuesta tecnológica que está en juego, y el impacto que todo ello tendrá en la trayectoria que podría tomar la humanidad en las próximas décadas: enormes potencialidades, inmensas incógnitas, pero también numerosas amenazas, difíciles de predecir. Si todo lo anterior resulta como espera Musk, esta oferta pública de acciones podría quedar instalada como un momento definitorio de la historia tecnológica humana.