Inflación de mayo
Si bien la cifra constituye en principio una buena noticia, la dimensión preocupante -de consolidarse en los meses venideros una baja más acelerada de la inflación- es que ello pudiera estar reflejando la debilidad de la demanda interna.
El sorpresivo registro de inflación de mayo informado el lunes por el INE, de 0,2% -menor al 0,4% que se esperaba-, ha generado un cierto alivio en el debate inflacionario que se venía desarrollando, habida cuenta de que no se visualiza, a priori , un traspaso intenso del mayor precio de los combustibles hacia otros precios.
En efecto, después de dos registros mensuales de 1% y 1,3%, el mercado había empezado a anticipar una posible escalada de la inflación. Sin embargo, la cifra conocida esta semana muestra que los riesgos en esta materia parecen, por ahora, acotados, aunque es importante recordar que los registros mensuales tienen volatilidades por consideraciones puntuales que no deben llevar a conclusiones apresuradas sobre tendencias. En este caso, por ejemplo, la caída extraordinaria experimentada en el precio de algunos alimentos (frutas y verduras, además del pan) y de las bebidas no alcohólicas, dificulta una interpretación más estructural del registro de mayo.
Con todo, habiendo dicho lo anterior, la buena noticia de la sorpresa a la baja en la inflación de mayo tiene también una dimensión preocupante que el análisis no puede obviar: la ausencia de un mayor traspaso de los más altos costos a precios da cuenta de que las condiciones de demanda, que en definitiva permiten tal traspaso, no son hoy dinámicas. Como tales, de consolidarse en los meses venideros una baja más acelerada de la inflación, ello bien podría estar reflejando la debilidad de la demanda interna.
Estas últimas son malas noticias, condicionan el quehacer de la política monetaria, y abren además la interrogante respecto de las causas más de fondo del actual ciclo.
Respecto de la política monetaria, con una perspectiva de inflación controlada, y con una economía creciendo este año marginalmente bajo 2%, el espacio para que el Banco Central baje su tasa de interés comienza a abrirse con más nitidez. De este modo, si hasta hace muy pocas semanas existía un sesgo al alza en la inflación -que algunos consejeros, tal vez algo apresuradamente, identificaron como causa para entregar un mensaje más restrictivo de la política monetaria-, todo parece indicar que, en las circunstancias actuales, el sesgo debería tender a situar la Tasa de Política Monetaria en la parte baja del rango considerado neutral.
Ahora, en cuanto a las causas de la desaceleración de la actividad, son difíciles de identificar. La economía terminó en la administración del Presidente Gabriel Boric esencialmente estancada. Sumado a ello, muy posiblemente la guerra en Irán y el alza en el precio del petróleo han golpeado las expectativas de empresas y consumidores. La gradual normalización de las condiciones globales y la expectativa de que se apruebe en el Congreso el proyecto de Reconstrucción del Gobierno sugieren que las condiciones para una recuperación económica están presentes. Pero mientras ello no se observe con claridad, y de repetirse registros de inflación bajos, el Banco Central deberá evitar mantener una política monetaria marginalmente contractiva.