La Nación, Costa Rica
11 de junio de 2026
Lourdes Suárez, jeraraca del AyA desde 2025, reconoce que existe una presión creciente sobre los sistemas de agua potable y también lanza una advertencia: sin planificación, proyectos como PAAM y Paacume podrían quedarse cortos en el mediano plazo.
Lourdes Suárez, presidenta ejecutiva del Instituto de Acueductos y Alcantarillados (AyA), reconoce que existen sitios del país donde "los sistemas ya no permiten emitir nuevas disponibilidades" de agua potable, en un contexto de crecimiento urbano, turístico e inmobiliario.
Suárez, que es jerarca de la institución desde el 2025 y se mantiene en el nuevo gobierno de Laura Fernández, asegura que el país se enfrenta a un "mix" entre la falta de infraestructura y las presiones sobre el recurso hídrico.
La funcionaria conversó con EF sobre el tema. En el intercambio, señaló cómo avanzan proyectos trascendentales para el Gran Área Metropolitana (GAM) y para Guanacaste, y analizó las expectativas de la institución para los próximos 30 años.
¿Cómo visualiza el AyA el choque entre el crecimiento urbano y la disponibilidad de agua?, ¿cómo describe la situación actual?
— El crecimiento urbano es un reto. Para desarrollar un proyecto se necesita disponibilidad de agua y hay zonas donde efectivamente los sistemas ya no permiten emitir nuevas disponibilidades. Justamente el AyA está trabajando en incorporación de caudales que va a liberar disponibilidades.
Sin embargo, lo que más nos preocupa son los asentamientos informales. Nos encontramos asentamientos con permisos de construcción y electricidad, pero ubicados en zonas que no tiene cobertura del AyA.
Eso nos obliga a trabajar con gobiernos locales para que se respete la normativa y no se sigan autorizando desarrollos informales donde el AyA no tiene red. Tenemos zonas en las que del todo no tenemos cobertura y se requieren tuberías, sistemas de bombeo o hasta perforaciones nuevas.
¿Más que un problema de disponibilidad de agua tenemos un problema de infraestructura?
— Es un mix de ambos, dependiendo de la la zona. Puede haber poca disponibilidad de recurso hídrico y para eso estamos impulsando proyectos como el Proyecto de Acueducto Metropolitano (PAAM).
Pero también hay sectores donde, aunque incorporemos más caudal, necesitamos infraestructura porque las personas se asentaron en lugares donde no existe cobertura. Ambos problemas se tienen que atender, y en los últimos años hemos hecho un trabajo importante.
Por muchos años se ha dicho que más del 50% del agua no se factura. ¿Qué se ha hecho en ese sentido y cuál es la situación actual?
— Tenemos un programa de reducción de agua no contabilizada en ejecución. Incluye sustitución de tuberías, incorporación de válvulas, y sectorización de redes para detectar fugas y reducir pérdidas.
En Costa Rica muchas veces, para reparar una fuga, hay que suspender el servicio en barrios completos. Con la sectorización se interviene solo el área afectada.
Es un proceso para eliminar el rezago de 30 años que tenemos en nuestros sistemas. Implica suspensiones temporales y la gente va a sufrir un poquito, pero todo es en aras de dar un mejor servicio.
Ya logramos reducir 4 puntos porcentuales el agua no contabilizada, de un 57% a un 53%. La meta es acercarnos a estándares internacionales y bajar a un 17% hacia 2028.
Usted ahora mencionó el PAAM y también está Paacume en Guanacaste. ¿Cuándo empezarán a dar agua esos proyectos?
— PAAM avanza positivamente. Ya tenemos diseños finalizados, casi todos los terrenos adquiridos y estamos negociando financiamiento internacional. El proyecto debería estar listo en 2030.
Hemos avanzado bien y vamos a trabajar en lo que son carteles de licitación. Para poder cumplir con el plazo, necesitamos empezar con eso el próximo año.
Paacume, o Agua para la Bajura, está en ejecución por parte de Senara y avanza de manera positiva. Está programado para finalizar en 2030.
Mientras tanto, ¿qué está haciendo el AyA?
— Estamos trabajando con pozos, con aguas subterráneas, para poder paliar de aquí al 2030. Costa Rica tiene buen recurso hídrico y lo que tenemos que hacer son los proyectos.
Tenemos un plan para que lo que estemos abriendo e incorporando a través de aguas subterráneas sea suficiente para poder llegar al 2030.
¿Cuáles son las expectativas con PAAM y Paacume a partir de 2030?, ¿es una solución definitiva o apenas para las necesidades actuales?
— Se habilitarán nuevas disponibilidades. Es para poder fomentar un desarrollo un poco más continuo. Pero tiene que ir planificado porque el agua se agota. Hay un caudal estimado que vamos a obtener de proyectos como el PAAM, pero si hacemos una distribución de forma desordenada, vamos a estar de nuevo en unos 25, 15 o 10 años con el mismo problema.
Hay que trabajar con desarrolladores, gobiernos locales, permisos de construcción y demás. Igual en Guanacaste. Se van a habilitar disponibilidades.
Estos proyectos deberían de ser una solución para los próximos 30 años, aproximadamente; pero si no fomentamos y si no trabajamos en proyectos de desarrollo planificados y organizados, si van a volver los asentamientos informales y las conexiones ilícitas, el agua se agotará en menos tiempo.
Tenemos los efectos del cambio climático y el fenómeno de El Niño, previsto para ingresar fuerte este año. ¿Estamos preparados?
— Nos estamos preparando. El fenómeno de El Niño podría ser más fuerte que en años anteriores y estamos adelantando trabajos, equipando pozos y aumentando caudales en los sistemas y almacenamientos.
También descubrimos plantas potabilizadoras que podían recibir un poco más de agua, con mantenimiento, limpieza de parrillas, cambio de filtros o materiales filtrantes.
Pero todo siempre puede ser insuficiente si al final el costarricense consume agua de una forma desmedida. La demanda ya aumentó entre un 10% y un 20% por la extensión de la época seca y eso impacta en los sistemas, entonces el mensaje a la población será que necesitamos hacer un uso racional.
También hemos encontrado conexiones ilícitas que afectan la disponibilidad. Todo eso requiere un abordaje. Nosotros no les vamos a suspender el agua; vamos a hablar con las personas que están conectadas de esta manera, pero eso nos quita recurso hídrico de las personas que facturan.
El sistema de gestión hídrica es muy fragmentado entre AyA, ESPH y Asadas. La misma presidenta Fernández dijo que la suya es una institución compleja. ¿Cuán difícil es realmente manejarlo?
— Yo no lo llamaría difícil. Diría que es un reto interesante.
Creo que una de las partes más estratégicas es una reestructuración de la institución, poder ponerla a trabajar de forma eficiente y con menos duplicidad de funciones. Ese es un cambio de cultura que vamos a hacer.