Domingo, 14 de Junio de 2026

El dieciséis de junio

UruguayEl País, Uruguay 14 de junio de 2026

Vale la pena preguntarse si existe hoy algo que pueda llamarse wilsonismo y, en caso de existir, qué es.

El 16 de junio se conmemora el regreso de Wilson al Uruguay, a bordo del Mar del Plata II, después de su largo exilio. Vale la pena preguntarse si existe hoy algo que pueda llamarse wilsonismo y, si existe, qué es.

Nadie duda que exista un herrerismo; Herrera escribió muchos libros, tuvo larga actuación parlamentaria y todo eso forma un reservorio citable y disponible como para alimentar una identidad política perdurable. Wilson, en cambio, escribió poco, tuvo una actuación parlamentaria breve y no dispuso de 90 años de vida para consolidar el movimiento que fundó (Por la Patria). Sin embargo, de Wilson no sólo perdura un recuerdo: hay algo más.

El recuerdo no sería poca cosa; la memoria es esencial en la construcción imaginaria de los pueblos. En el caso del Partido Nacional -partido de vínculos apasionado y de sensibilidad épica- ni que hablar. Menos libros escribió Aparicio y menos años vivió y, sin embargo, su figura, aún hoy, es sostén y alimento partidario. Pero en el caso de Wilson hay memoria y algo más; existe wilsonismo (aunque no en todos los ámbitos donde se cuelga su retrato).

El wilsonismo fue un fenómeno político que provocó una renovación partidaria. No nació como estratagema de crecimiento intrapartidario sino que su mirada y sus pasos concretos enfocaron directamente al país: su interlocutor fue el Uruguay. Una de las causas de su impulso renovador fue la incorporación de una propuesta concreta para el Uruguay de su tiempo: Nuestro Compromiso con Usted. Eso fue un cambio, primero porque iba más allá de la invocación a las tradiciones partidarias y de la evocación de caudillos y gestas y segundo porque se trataba de una propuesta para gobernar, dejando de lado la mentalidad de oposición con la cual se había identificado el partido. Jugar a ganar -aunque después no se gane- da un perfil distinto que jugar a placé. Y desafiaba una tara que carga toda la política uruguaya: la manía declaratoria y la falta de vínculo con la realización.

La última característica que quiero invocar es la atención a la ética en el ejercicio de la política. Más allá de la fecha en que Wilson fundó su movimiento las vueltas de la vida hicieron que éste tuviera su más largo período de actuación durante la dictadura, y las batallas de la vida, si se viven bien, forman. Contenido ético y lucha a brazo partido por la defensa y recuperación de un sustrato de valores fueron dos elementos que se potenciaron por obra de las circunstancias. Los partidos políticos no son ni secta religiosa ni escuela filosófica; la actividad política es pragmática y las cualidades requeridas para incursionar en ese terreno son específicas: es tonto esperar que puedan ser suplidas por virtudes morales. Pero ningún movimiento político puede declararse aséptico de un sentido ético porque ninguna sociedad perdura sin resquebrajarse si no está animada por la referencia permanente a un conjunto de valores compartidos. La estrecha comunión entre lo ético y lo político fue y es otra característica del wilsonismo. Esta semilla está ahora sembrada en todos los surcos del partido; deseo que cuantos la invocan entiendan lo que es y le sean fieles.
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