Domingo, 14 de Junio de 2026

¿Proyecciones o metas de crecimiento?

ChileEl Mercurio, Chile 14 de junio de 2026

Anclar las perspectivas fiscales en proyecciones de crecimiento menos optimistas hace más exigente -y no más fácil- la tarea de la autoridad.

Junto con la emisión del Decreto de Responsabilidad Fiscal que establece las metas de déficit estructural fijadas por el Gobierno para los próximos años, el ministro de Hacienda detalló el escenario macroeconómico que subyace al plan de Hacienda. Este incluye una aceleración del crecimiento hasta 3,5% en 2030, por debajo del 4% originalmente mencionado por el ministro de Hacienda y, antes, en la campaña presidencial. Tanto la modificación de las metas de balance fiscal como esta revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento han sido leídas como cambios en los compromisos del Gobierno. Sin embargo, ambos anuncios son de una naturaleza completamente distinta y así deben ser entendidos.
Las metas de balance estructural en el manejo de la política fiscal son, efectivamente, de exclusivo control de la autoridad, la que asume un compromiso de ejecutar su política fiscal sobre la base de un ancla predeterminada. El cambio en el planteamiento del ministro -quien originalmente había señalado su propósito de converger a un balance estructural en 2030- se explica por el mayor deterioro fiscal detectado al inicio de esta administración. En este escenario, la convergencia hubiese requerido de un ajuste en el gasto muy sustantivo y difícil de ejecutar, aun mayor al que hoy está en marcha.
El cambio en las proyecciones de crecimiento es de naturaleza distinta, toda vez que el Gobierno, en rigor, no controla esa variable: condiciones globales y de demanda interna pueden hacer que el crecimiento para 2030 sea superior o inferior a la proyección, por razones que escapan al manejo de la autoridad. Por cierto, los gobiernos sí influyen en las condiciones para que exista más o menos dinamismo económico, pero ello más bien puede reflejarse en las estimaciones de crecimiento tendencial, antes que en una cifra puntual.
Bajar la proyección de crecimiento a 3,5% hacia fines del período puede ser más bien una señal de responsabilidad, tanto porque da cuenta de las dificultades que enfrenta la economía para tomar mayor dinamismo, como porque ancla las perspectivas de balance fiscal en proyecciones menos optimistas. En otras palabras, quizá lo más fácil sería proyectar cifras de crecimiento generoso que, en principio, hagan ver los desafíos fiscales como menos exigentes. De no darse tales guarismos, un gobierno siempre podría excusarse en las condiciones de una economía menos dinámica. Por ello, más que leerse como un cambio de objetivos -las autoridades, de seguro, siguen buscando elevar el crecimiento tendencial a rangos mayores-, estas proyecciones menos auspiciosas deben entenderse como la constatación de que el daño sufrido por nuestra economía en los últimos años ha sido más profundo y persistente de lo que se anticipaba.
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