Miércoles, 17 de Junio de 2026

Borges en el zoo

UruguayEl País, Uruguay 17 de junio de 2026

Hay una anécdota que resume inmejorablemente el desprecio de Borges por el fascismo de izquierda.

Una crónica de este diario por el 40 aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges, vinculaba la condición antiperonista del gran escritor a "su origen patricio" y "la experiencia familiar durante el primer gobierno de Perón". Creo que esa simplificación no hace mérito al rechazo ideológico que manifestó Borges por ese populismo que tanto dañó a la Argentina.

Y en cierta forma, la apelación a un supuesto origen patricio va en línea con el desprecio que ha generado Borges en ciertos estamentos políticos e intelectuales, quienes nunca pudieron soportar que el escritor se expresara contra los sistemas liberticidas.

Siempre me resulta gracioso, por no decir patético, que algunos intelectuales se muestren indulgentes con lo que consideran una ingenuidad política de Borges, por el hecho de no comulgar con el peronismo ni con las guerrillas latinoamericanas. El maestro fue siempre una piedra en el zapato para los que viven en la nube de humo sesentista: no pueden negar que es uno de los creadores más geniales del siglo XX, pero tienen que tragarse su desprecio por lo que ellos tanto admiran. "Buen escritor, pero gorila", "gran poeta, lástima que fuera facho". Esa indulgencia arrogante expresa una atroz ignorancia sobre la vida y obra del genio.

El inefable filósofo del kirchnerismo, José Pablo Feinman, lo ha definido en sus shows de TV como "un gorila" y "un hombre políticamente reaccionario". A Borges no le perdonan haber tenido un encuentro con el dictador Videla y haber aceptado un doctorado honoris causa de Pinochet. Pero esos mismos savonarolas suelen olvidar que incluso el Partido Comunista Argentino miró a Videla con simpatía en un principio, porque suponían que volvería a llamar a elecciones (una ilusión semejante a la de los bolches que acá aplaudieron los mentirosos comunicados 4 y 7). Suelen olvidar también que, apenas se conocieron las atrocidades perpetradas por la dictadura contra los derechos humanos, Borges fue su más valiente opositor.

Su rechazo anterior al peronismo no fue por desdén aristocrático, sino por haber percibido desde el principio el carácter antidemocrático de ese movimiento inspirado en el fascismo italiano. Quienes tontamente acusan a Borges de facho, parecen desconocer que él definió a Perón como un "émulo de Mussolini".

Y claro que se manifestó en contra de la guerra de las Malvinas. Había que ser muy facho -o bolche muy cuadrado- para respaldar ese penoso intento de un dictador borracho de perpetuar su mandato, apelando al nacionalismo barato y mandando a miles de chiquilines inocentes al matadero.

Hay una anécdota que resume inmejorablemente el desprecio de Borges por el fascismo de izquierda que lo bastardeaba. Entrevistado por el diario español ABC, su amigo Roberto Alifano contó por qué el escritor prefirió ir a morir a Ginebra: "mire Roberto, los peronistas me dicen gorila; tengo miedo de que (si me quedo en Buenos Aires) me entierren en el zoológico". La historia es recogida por Hugo Burel en "La memoria de Borges", obra que dirigí con el gran Roberto Jones. Y dimensiona la estatura ideológica del maestro: pudo haberse equivocado en algún episodio del pasado -como le erraron y cuánto, tantos otros- pero era un demócrata cabal, en una época de intelectuales generalmente cooptados por ideologías liberticidas a la moda.



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