¡Dejen trabajar!
Miguel Gómez Martínez
Hacer empresa en Colombia es muy difícil
Miguel Gómez Martínez
Hacer empresa en Colombia es muy difícil. La burocracia desestimula la creación de empresas. Las estadísticas de Confecámaras para años completos señalan que en 2024 se crearon 297,000 empresas, 3% menos que en 2023 y un 4,2% menos con respecto al 2022. La tasa de sobrevivencia de las empresas por encima de los 5 años es de apenas de 33%. El TMF Group publica el ‘Índice de Complejidad para hacer negocios en 2025’ y sitúa Colombia como el quinto más complejo del mundo para emprender y operar. Sólo México está por encima en Latinoamérica. Para completar, desde el año 2014, Colombia desciende en el ‘Indicador de Calidad Regulatoria’ del Banco Mundial. A pesar de ello hay 1,5 millones de microempresas que son unidades productivas con menos de 10 empleados. Las microempresas en Colombia son el 94,7% de las empresas formales. Según un estudio de Corficolombiana, en promedio estas unidades productivas pequeñas destinan 2620 horas al año para cumplir con la tramitomanía del Estado. Esta cifra, por sí sola, explica la informalidad. El costo de cumplir con las normas, muchas de ellas innecesarias y absurdas, reduce la frágil rentabilidad de los pequeños negocios. Los políticos se levantan por la mañana a proponer y legislar ideas absurdas que luego los colombianos tenemos que cumplir. Su creatividad no tiene límites. Legislan sin saber de costos, ventas, impuestos ni nóminas. El daño que hacen es enorme. No creo que muchos funcionarios públicos se desvelen por las empresas. En cambio, muchos empresarios no duermen pensando en los efectos que tienen, en sus empresas, las decisiones tomadas por los funcionarios públicos que poco y nada entienden de la realidad empresarial. Todos los gobiernos han sido culpables de haber creado esta telaraña de normas, obstáculos y requisitos que impiden la dinámica empresarial y frenan el crecimiento económico. Pero en los últimos cuatro años el gobierno ha apretado aún más el torniquete burocrático. Ojalá algún día un gobierno entienda que el empresario es el motor del bienestar y que el dinero público no existe porque siempre es el dinero de los contribuyentes. En Colombia el Estado nos trata como si fuéramos súbditos. Ya es hora de que se ponga al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio del Estado. La lucha contra la burocracia es por la productividad y la competitividad. Competir con un Estado ineficiente a cuestas es imposible. Lo único que los empresarios le piden al Estado es que los dejen trabajar. ¿Será mucho pedir? *** Coletilla: Una cosa es ser audaz (persona capaz de emprender acciones inusuales o arriesgadas sin dejarse frenar por las dificultades o el peligro) y otra temeraria ( persona o acción excesivamente imprudente que desafía el peligro sin medir las consecuencias o reflexionar sobre los riesgos). La representante Arizabaleta, la que pretendió destituir al Presidente, parece no conocer la diferencia.
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