El nuevo panorama político
Carlos Enrique Cavelier
Es claro que el bipartidismo que reinó por más de 150 años en Colombia llegó a su fin
Carlos Enrique Cavelier
Es claro que el bipartidismo que reinó por más de 150 años en Colombia llegó a su fin. Los partidos, en muchos países, nacen y mueren; en otros, se mantienen por largo tiempo, aunque sus raíces cambien. Un poco más rápido que las civilizaciones, pero con igual destino. El conservatismo y el liberalismo llegaron a ese descenso hace unos años. Para muchos, el del conservatismo llegó con la última campaña de Álvaro Gómez en 1986, quien luego fundaría el Movimiento de Salvación Nacional. El liberalismo empezó a extinguirse con el escándalo del proceso 8.000 en 1995. Al conservatismo lo reemplazó temporalmente ese movimiento y luego la Nueva Fuerza Democrática, para terminar en el Centro Democrático. El liberalismo parece haber perdido su lugar ante el Pacto Histórico, aunque es temprano para saberlo; reitero, estas vidas se miden solo en décadas. Desde los años veinte del siglo pasado, el liberalismo tomó un rumbo que le quitó cualquier espacio a la izquierda que venía aupada por la Revolución rusa. Entre Enrique Olaya, Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos hicieron tal cantidad de reformas que una historiadora como Pilar Moreno decía que el siglo XX en Colombia había empezado con la República Liberal en 1930. Es claro que estos gobiernos derivaron luego en un enorme sectarismo entre ambos partidos y en La Violencia; solo el Frente Nacional logró apaciguarlos. Pero al mismo tiempo, los sumió en un profundo letargo del cual trató de despertarlos Luis Carlos Galán en los años ochenta. Ya era tarde: la complacencia del clientelismo los había penetrado. Virgilio Barco, el "último radical", como lo describiría Malcolm Deas, y César Gaviria serían los últimos liberales con fuerza y trayectoria. Juan Manuel Santos, electo por el apéndice que era/es el Partido de la U, tuvo un talante absolutamente liberal. En estas elecciones quedan instalados firmemente el Pacto Histórico y el Centro Democrático, acompañado de nuevo por Salvación Nacional; pero Colombia no es el único lugar en este mundo tan cambiante donde ocurre esto. Hay que ver lo que le sucedió a Emmanuel Macron en solo siete años en Francia: pasó de ser el héroe con su aplastante partido propio, ‘¡En Marcha!’, en 2017, al momento actual de hastío de su pueblo con él. Ni Alemania, ni Inglaterra, ni España se salvan de tantos cambios súbitos de la opinión. El tema de la nueva estructura de partidos, aquí y en otros países, es que la sociedad no sabe cómo dialogar con ellos; ni ellos con la sociedad. Lo que genera cambios bruscos que no permiten canalizar sus preocupaciones, lanzándonos de nuevo a las grandes divisiones, al sectarismo rampante, a las desconfianzas mutuas. Tenemos que entender que los cambios se necesitan, al tiempo que los ciudadanos también tienen derecho a su status quo, viniendo de lo que ha tenido la humanidad por siglos. Coda: agradezco al profesor Fernando Cepeda U. por su iluminación con estas ideas.
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