Lunes, 22 de Junio de 2026

Velasco y el elefante en la sala

ChileEl Mercurio, Chile 20 de junio de 2026

La centroizquierda sigue eludiendo discutir su alianza con la izquierda dura.

Mientras los partidos de la centroizquierda siguen sumidos en la desorientación, algunas figuras han estado desarrollando una reflexión sobre su derrota electoral y la debilitada situación del sector. Se han reiterado así conceptos como los de renovar proyectos políticos y reconectar con las necesidades de una ciudadanía que demanda progreso. Fue, sin embargo, un independiente, el exministro Andrés Velasco, quien en una de esas reuniones se atrevió a mencionar al verdadero elefante en la habitación de todo este debate: la política de alianzas. En un encuentro convocado bajo el título "¿Por qué perdimos?", Velasco propuso una de las posibles respuestas: "Porque nos asociamos con quienes no comparten nuestros valores", planteó, proyectando una imagen con las fotografías del presidente del PC, Lautaro Carmona, y de Nicolás Maduro.
Resulta difícil controvertirlo.
Desde luego, permanecer asociados políticamente con partidos que defienden a algunos de los más abyectos regímenes del mundo y que en pleno siglo XXI reivindican el leninismo, es un pesado lastre. Los desastrosos ejemplos de Venezuela, Cuba o Nicaragua resultan demasiado cercanos para una porción significativa de la ciudadanía, que no está dispuesta a considerar inocuo el vínculo del PC chileno con esas experiencias. Si se suman las conductas abiertamente insurreccionales asumidas por esa y otras fuerzas de la izquierda dura en los días del estallido, se hace aún más evidente lo problemático de aliarse hoy con ellas, no solo en términos de valores democráticos, sino aun en lo estrictamente electoral.
Pero, además, se trata de una asociación que limita cualquier posibilidad de verdadera renovación. De partida, restringe los espacios para una reflexión honesta y autocrítica respecto de las más controvertidas actuaciones de la centroizquierda en la última década, como su celebración de la "vía de los hechos" en la crisis de 2019 o su apoyo al proyecto refundacional de la Convención. Hacer esa reflexión y al mismo tiempo ratificar la alianza con quienes hasta hoy siguen reivindicando todo aquello es incompatible.
Y aun eso no es todo.
Ningún intento serio por ofrecer un nuevo proyecto al país puede pasar por alto una mirada crítica a lo que fueron la Nueva Mayoría y las reformas de Michelle Bachelet en su segundo gobierno, cuyas consecuencias Chile sigue pagando en términos de estancamiento económico, atomización política y frustración social. Mientras persista la alianza con el PC, forjada precisamente por Bachelet, resulta inimaginable cualquier intento por hacerse cargo de los problemas que supone el legado de la expresidenta, del mismo modo que seguir siendo socios políticos con el Frente Amplio impide poder separarse de los lamentables resultados de la administración Boric.
Por cierto, las reacciones de los partidos al planteamiento de Velasco muestran escasa voluntad por adentrarse en una discusión así. Más cómodo es seguir enarbolando los dogmas de la "unidad opositora" y en nombre de ella abortar tempranamente ese debate.
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