Lunes, 22 de Junio de 2026

La realidad impone ajustes al Pacto Verde de la Unión Europea

UruguayEl País, Uruguay 22 de junio de 2026

Europa mantiene sus compromisos con la descarbonización, pero la coyuntura obliga al rediseño y reestablecer metas.

El ambicioso pacto verde que la Unión Europa promovió con firmeza y orgullo durante los últimos siete años, hoy se debe redimensionar: tensionado por las sucesivas crisis energéticas (pandemia, Ucrania, Medio Oriente) ahora requiere de esfuerzos adicionales para promoverlo, con un mundo volátil, inflación y tasas de interés más altas.

El objetivo del pacto es reducir las emisiones hasta alcanzar la neutralidad para 2050, a partir de una transición limpia y socialmente justa. Y no ha sido fácil para la diplomacia del clima. La dependencia extrema de Rusia y los acontecimientos posteriores desencadenaron un presente que llenó de dudas y escollos la estrategia defendida enérgicamente en todos los foros. El mundo cambió y el plan original también se volvió vulnerable; o por lo menos, creció el número de escépticos.
Es que el despliegue de las energías renovables debe alcanzar una masa crítica antes de que pueda desplazar a los combustibles fósiles y tener un impacto real apreciable en los precios.
Los precios de la energía han subido, y cualquier apuesta a las energías limpias en la actualidad, significa, a corto plazo, mayores costos aún.
Como la Unión Europea ha definido el compromiso de una transición justa, "sin dejar nadie atrás", apela a un mecanismo de premios y castigos que incentive el cambio y cubra a los menos favorecidos. El "la caja de herramientas verdes" de la UE están los impuestos al carbono que pagan los contaminantes en el transporte, la construcción e industrias, en el marco del ETS (Sistema de Comercio de Emisiones) se financia un fondo social climático, para apoyar a los más vulnerables a transformarse y ser "más verdes".

Mejorar el plan

Durante una semana, El País participó en Bruselas del programa EU Climate Dialogues 2 (EUCDs2), donde un grupo de periodistas latinoamericanos pudo aproximarse al "ajuste de planes" en los objetivos verdes de Europa.

El principal objetivo de alcanzar la energía limpia, hoy ubica otros dos compromisos al mismo nivel: "no será posible una transición limpia, sino es segura y competitiva", en contraposición al presente, contaminante, vulnerable y costoso, aseguran los voceros europeos.

La Unión Europea es importador neto de energía. A 2019, el 45% del gas que calefaccionaba los hogares y mantenía andando la industria europea provenía de Rusia. Una vez producida la invasión a Ucrania y las sanciones de Europa, ese suministro fue bajando hasta el 12% de 2025 y tiende a ser cero. Noruega y Argelia son los proveedores que cubrieron la demanda, no sin períodos de escasez y suba de precios. Otra alternativa ha sido el gas líquido -que no depende de los ductos que vienen del Este-, preferentemente desde Estados Unidos.
Hoy el conflicto en Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz, han añadido presión; si bien el suministro de petróleo de esa zona es bajo, el encarecimiento de precios genera nuevos problemas. Los mayores, vinculados con el combustible para aviación. Y la presión de los precios de los energéticos ha traído problemas de inflación en los países de la UE; la política monetaria ha reaccionado, y el Banco central Europeo llevó las tasas a 2,25%.

Las metas

El camino de reducir la dependencia de los combustibles fósiles está avanzado: representaban el 70% de la energía disponible en 2019, se espera que se ubiquen entre el 27 y el 37% en 2040, llegando a 2050 con un consumo fósil "residual", según los objetivos.

En ese proceso de transformación de la matriz energética, las energías renovables han alcanzado niveles récord dentro del sistema eléctrico europeo: las energías eólica y solar generaron el 30% de toda la electricidad consumida en la Unión Europea durante 2025, superando por primera vez a los combustibles fósiles. La generación solar tuvo un crecimiento récord del 20% en 2025 respecto al año anterior, mientras que en 14 de los 27 Estados miembros la producción combinada de energía eólica y solar ya supera a la generación fósil.

Notoriamente, la transición ya está en marcha, pero Europa es un importador neto de energía y en el sistema actual, los combustibles fósiles siguen siendo fundamentales.

Como estrategia a largo plazo la UE apunta a asegurar "que la mayor parte de la energía sea producida localmente y con bajas emisiones", destacan los voceros.

El objetivo es cubrir la demanda con renovables y en algunos países que así lo han resuelto, energía nuclear. Pero en la etapa de transición, el gas natural está llamado a desempeñar un papel importante en la sustitución de combustibles con mayores emisiones, tanto en generación eléctrica como en distintos procesos industriales.

En una etapa posterior, dentro de un proceso que también se ha sincerado y aparece como un objetivo tratado con mayor cautela, será el Hidrógeno Verde el energético que sustituya al gas natural.

Y de cara a esas dos fuentes, el gas natural primero y luego el hidrógeno, aparece América Latina como "socio confiable".

¿Por qué no descarbonizar juntos?

Desde la diplomacia y en medio de un mapa convulsionado, Europa piensa en Latinoamérica como fuente de recursos, alianzas estratégicas, cadenas de valor diversificadas y resilientes.

Para ello puso en marcha una agenda donde cuentan el diálogo de alto nivel, la cooperación e inversiones.
Por una parte, sigue con atención el desarrollo de cuencas productoras de gas natural como Vaca Muerta en Argentina o el Pre-Sal en Brasil. "El gas líquido que llega de Estados Unidos ha sido una buena solución ante la escasez, pero no queremos dejar una dependencia para pasar a otra, y en se sentido preferimos ir por los países de América Latina", señaló otro funcionario.

Por otra parte, iniciativas proyectadas a través del programa Global Gateway y la incorporación de capítulos sobre políticas de desarrollo sostenible en los tratados ya existentes con Chile y Centroamérica y el más reciente con Mercosur, permiten pensar en el Hidrógeno Verde.

Lanzado en 2021, el programa Global Gateway apunta a movilizar unos 45 mil millones de euros para fortalecer las inversiones en terceros países a través de distintos mecanismos, la mitad de esa suma destinada a energía y clima.

A su vez, los oficiales de EuroClima, otra oficina de la UE,destacaron la existencia de proyectos identificados para el desarrollo de la producción de Hidrógeno verde en Brasil, Chile, Paraguay. El punto clave es: proyectos que tengan definida la posibilidad de producir y una demanda identificada segura, destacan.

En paralelo, minerales básicos para la fabricación de las baterías indispensables para avanzar en la electrificación, también pueden ser obtenidos en América Latina. "Hasta ahora, comprábamos en China, pero hemos aprendido que nuestro sistema eléctrico no puede depender de un interruptor que se puede apagar desde Beijing", coincidieron los voceros en temas de energía.

Más despacio con el Hidrógeno Verde

La Unión Europea, cinco años atrás, había ubicado al Hidrógeno Verde como su principal objetivo y augurando un rápido desarrollo que permitiría avanzar en la descarbonización. Sin embargo, la coyuntura energética y el reconocimiento a un proceso "demasiado acelerado", llevaron a poner el freno.

La alta exposición buscada y alcanzada en torno al Hidrógeno dio paso al temor de la frustración si las expectativas no se materializaban como era esperado. "Hoy los proyectos no se bajaron, pero somos más cautos, pensemos de aquí a diez-veinte años", sostuvo un experto europeo ante una pregunta sobre el particular.

Sin embargo, aseguran que el Hidrógeno, "será el sustituto del gas natural en un futuro no muy lejano". Y no solo como combustibles, sino también en la producción de fertilizantes y acero verde, por ejemplo.
Los principales problemas que convocaron a la cautela y "bajar algunos cambios" fueron los aspectos regulatorios, los precios, el financiamiento y lasdudas acerca de una demanda firme.
Hoy hay varias experiencias con Hidrógeno en países como Dinamarca, Noruega, Portugal, España, Italia y Francia; pero el desarrollo fuerte deberá esperar unos años.
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