Colombia, un solo equipo en el mundial de la democracia
Padre Diego Marulanda Díaz
Hay competencias en las que no basta con el talento individual
Padre Diego Marulanda Díaz
Hay competencias en las que no basta con el talento individual. Los campeonatos se ganan cuando cada jugador entiende que hace parte de un equipo más grande que él mismo. Colombia lo sabe bien cuando se trata de fútbol. Celebramos juntos las victorias, sufrimos las derrotas y nos llenamos de esperanza cada vez que nuestra selección salta a la cancha para representar los colores de la nación. Existe otro mundial en el que participamos todos los días y cuyo resultado es aún más trascendental: la democracia. En este torneo no juegan once futbolistas, lo hacemos más de cincuenta millones de colombianos. La cancha es nuestra Constitución Política, marcada con la institucionalidad y el balón representa el diálogo que nos ilusiona con el gol más relevante, que es el de ser un país justo, libre y próspero para todas las hinchadas. Colombia necesita comprender que la democracia no exige unanimidad, sino la capacidad de convivir con las diferencias. El rival no es quien piensa distinto; los rivales son la corrupción, la violencia, la pobreza, la desinformación y la indiferencia ciudadana. Seguir participando en el mundial de la democracia exige juego limpio. Significa rechazar las formas de corruptela que permean todos los sectores de la sociedad, exigir transparencia, informarse con responsabilidad y respetar las instituciones aun cuando sus decisiones no coincidan con nuestras preferencias. También implica escuchar, deliberar y reconocer la dignidad de quienes sostienen opiniones diferentes. Hoy, Colombia enfrenta desafíos directos en el juego pero, igualmente, posee una enorme reserva (cantera) de talento, creatividad y resiliencia. Tenemos razones para discrepar, pero muchas más para trabajar juntos. El triunfo no se construye desde las barras del resentimiento, sino desde la convicción de que compartimos una misma camiseta. Si queremos seguir jugando en el mundial de la democracia, recordemos que no somos rivales políticos; somos compañeros de un mismo equipo. Y el partido más importante de nuestra historia todavía está en juego.
Rector Universidad Pontificia Bolivariana.