Miércoles, 24 de Junio de 2026

Universidades en mirada internacional

ChileEl Mercurio, Chile 23 de junio de 2026

El ranking habla bien de las universidades chilenas, pero también llama a reflexionar sobre las debilidades que allí se reflejan.

La definición más estricta de "universidad" sitúa su número en el mundo en poco más de 21 mil. Para clasificarlas, la consultora QS revisa los indicadores de poco más de 8 mil instituciones. Su ranking final considera a algo más de mil 500 y, en su versión 2027, los planteles chilenos aparecen retrocediendo. No es, sin embargo, un retroceso muy significativo. Se vincula con la creciente incorporación de universidades asiáticas en la medición: en la última década, el número de estas se ha multiplicado por poco más de dos veces, alcanzando a 576; una gran parte de ellas se ha posicionado entre las primeras 500 y ello explica el retroceso relativo de las universidades chilenas. Esto no es casual, sino el resultado de una inversión significativa de los países de esa región, incluidos los de Medio Oriente, para potenciar sus planteles, entendiendo que constituyen un factor clave para su progreso. Es indudable que estos rankings deben ser mirados con cuidado, porque a veces se invierte para subir en ellos, sin realmente consolidar proyectos universitarios complejos. Con todo, son útiles para comprender el desarrollo del sistema universitario en el mundo.
La Universidad Católica es la primera universidad chilena en la medición, ocupando la posición 119, solo tres lugares menos que en la medición anterior. Le sigue la Universidad de Chile, en el lugar 185; en el ranking anterior fue 173. Más atrás se ubican las universidades de Santiago, Adolfo Ibáñez y Concepción, perdiendo relativamente más lugares que las dos primeras, en gran medida como resultado de la mayor inclusión de planteles asiáticos. Con todo, en la parte superior del listado -las primeras 700-, Chile logra posicionar cinco de sus universidades, una por debajo de Brasil y una por encima de Argentina. Ello habla del buen pie de nuestras casas de estudio, a pesar de que sus desembolsos operacionales por estudiante son, en general, más reducidos que los de esos países. A esto contribuye la mayor productividad científica chilena, resultado, a su vez, de una asignación relativamente competitiva de los fondos de investigación.
Las mayores debilidades de nuestras universidades dicen relación con su baja internacionalización. Ella se refleja, entre otros aspectos, en la poca presencia en redes internacionales de investigación y en la casi ausencia de profesores y estudiantes extranjeros. Es muy posible que esto ayude a explicar las bajas citas por artículo que tienen nuestros académicos, aunque el fenómeno podría también ser, eventualmente, el resultado de investigaciones poco pertinentes o alejadas de las grandes corrientes científicas y de innovación. Otra debilidad es la proporción de profesores por estudiante. En este indicador, la UC, por ejemplo, ranquea en la posición 536, muy por debajo de su clasificación general. Aunque la cantidad de administrativos ha subido más allá de lo que parece razonable, los presupuestos de nuestras universidades hacen muy difícil expandir el número de académicos. Al respecto, hay que recordar que la principal fuente de ingresos de las universidades son los aranceles, los que en perspectiva comparada son elevados, pero sin redundar en un financiamiento significativo. Así, por ejemplo, el gasto operacional por estudiante de la Universidad de São Paulo, la primera en América Latina, duplica al de las universidades chilenas con el mayor valor en este indicador. Ello ocurre, en gran medida, porque la gratuidad, en un sistema masificado como el nuestro, consume muchos recursos públicos y deja poco espacio al Estado para apoyar mediante otras vías a las universidades con mayor proyección académica, como suele ocurrir en la experiencia comparada; la imposibilidad de subir la inversión en ciencia y tecnología tiene aquí una explicación.
Un gran desafío de la política universitaria es generar espacios para que el grupo de universidades chilenas posicionadas en la parte superior de rankings como el QS puedan seguir avanzando y no retrocediendo. Hoy, el debate en la educación superior está muy centrado en los financiamientos corrientes y poco en cómo proyectar nuestras instituciones en plazos más largos. Pese a sus limitaciones, estos rankings reflejan situaciones sobre las que el país no puede dejar de reflexionar.
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