Lunes, 29 de Junio de 2026

Pavadita lo del ojo

UruguayEl País, Uruguay 28 de junio de 2026

Estos tiempos, lejanos aún de los electorales, hay que emplearlos tratando de alumbrar un cambio cultural.

Dijo el paisano y lo tenía en la mano.

El País del pasado día 7, da cuenta de un informe que sobre la economía uruguaya hizo el departamento de investigación del BBVA.

A la pregunta: "¿Por qué la inversión en Uruguay no crece? " (hoy no llega al 16% del PIB, porcentaje bajísimo) los tres economistas autores del informe hacen un listado de las causas:

1. Baja productividad.

2. Baja adopción de nuevas tecnologías.

3. Reducida escala empresarial.

4. Limitada escala de inserción internacional.

5. Gastos de transporte.

6. Falta de alineación de la productividad con el salario (como le gusta a Juan Castillo)

Y resumen todo eso en que somos un "país caro".

Lo del título.

Añaden los economistas que esos factores explican por qué - entre otras cosas - estamos trancados en ser exportador de commodities, algunas pocas (carne, celulosa, soja - en caída - y leche). Todavía, encima a pocos mercados. Lo que hace un combo de mucho riesgo para el país.

Creo que cuando uno enfrenta este tipo de informe sobre nuestra realidad (al que no se puede tachar ni de ideológico, ni de liviano) es obligatorio plantearse algunas preguntas y reflexiones.

Lo primero es constatar que, salvo el rubro 3, el consabido argumento, de lo determinante de nuestra escala, pierde fuerza de excusa válida. Algo pesa el tamaño en muchos de los otros rubros, pero miente quien diga que son problemas inalcanzables para el Uruguay, su gobierno y los orientales.

Empezando por el brutal problema de la falta de productividad. Algo que se da en la enorme mayoría de las actividades, tanto económicas como de otra índole (la educación, por ejemplo). Mejorar eso, no digo que sea fácil, pero está perfectamente al alcance del gobierno, del empresariado y aún de los gremios de trabajadores, (si abren los ojos a los dogmas retrógrados de Abdala y co.). Exigiría un sacrificio, pero no físico: un sacrificio cultural. Sacrificar algunos ídolos del panteón yorugua-progre, como los diálogos sociales, la reducción del horario, los consejos de salarios tripartitos y universales y la protección comercial.

Los efectos se verían muy rápidamente: los positivos, pero también la reducción o desaparición de los negativos, léase las reducciones de personal, las restructuras y los cierres de empresas (que ya pasaron de las actividades industriales y comerciales, a los servicios, donde se supone que tenemos ventajas comparativas y no nos constriñe el tamaño).

La poca adopción de nuevas tecnologías tiene su explicación en el mismo pentagrama, siendo frecuente una colusión de factores como la protección comercial, la resistencia sindical y los bajos niveles de ganancias.

Por ahí va también el fenómeno de la reducida escala empresarial, sobre lo cual juega el mito de las grandes virtudes de las Pymes y una cultura empresarial conservadora que se resiste a abrir las empresas. Así ha sido imposible construir un mercado de valores dinámico y útil.

La reducida escala de inserción internacional ya apunta más exclusivamente al gobierno - a los gobiernos. Si bien es cierto que el Mercosur ha operado como factor negativo, de encierro, no lo es menos que hay todo un campo de regulaciones proteccionistas y posibles opciones de aperturas externas que no se han explorado, o no lo suficiente, o no a tiempo. El Uruguay precisa - desesperadamente - abrirse y no sólo comercialmente. Las esperanzas que nos pueden quedar de superar la medianía y vivir la realidad pasan, por abrir el país a la competencia externa. Sólo así podremos alcanzar una realidad, en la que el Ministro de Economía no tenga que decir públicamente que el gobierno no fue electo para reformar el Estado, ni para reducir el gasto público, dos condicionantes fácticos para el crecimiento y la prosperidad, que rompen los ojos.

Los costos del transporte (y la logística) van en el mismo sentido: un cocktail de salarios altos y regulaciones excesivas.

Todo vuelve a confluir en lo mismo: 1. Baja productividad . 6. Falta de alineación de la productividad con el salario.

Todo expresado en lenguaje más o menos técnico. Dicho más a lo bruto: paremos la oreja. Nos vamos empantanando progresivamente (nunca mejor adjetivado).

Todavía, encima, formamos a nuestros jóvenes con la mira de que le den la espalda al éxito.

Como se ve, hay en esto mensajes para el gobierno, los sindicatos, los empresarios., pero también para la oposición. Estos tiempos, lejanos aun de los electorales hay que emplearlos tratando de alumbrar un cambio cultural. No malgastarlos en protestar y denunciar todo. Primero porque, aún concentrados sobre lo electoral, no se puede desconocer que el gobierno va camino, por sí solo, al fracaso. Por ahora no precisa ayuda. Pero, además, si la oposición consume todo su tiempo en criticar y luego gana la elección, se va a encontrar, como Oddone, que no tiene mandato para hacer lo que hay que hacer.

Tenemos el ojo en la mano.
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