El Comercio, Perú
28 de junio de 2026
Año2004200520062007200820092010201120122013201420152016201720182019202020212022202320242025
Arturo Ticona camina tres horas para recorrer 13 kilómetros a más de 3.800 metros de altitud. Lo hace para llegar a la posta médica más cercana. Sus riñones ya no funcionan. Los médicos del hospital Honorio Delgado de Arequipa le dijeron que ?la causa era la contaminación? del río Coata, en Puno, y que no tiene cura. ?Me dijeron que necesito un trasplante de riñón, pero cuesta. Y yo no tengo los medios económicos?, relató. ??Tienes que seguir tu tratamiento hasta el día que te vayas?. Nada más me dijeron?.La historia de Arturo refleja una realidad que se repite en toda la cuenca. Entre el 2004 y agosto del 2025, la región de Puno registró 987 muertes asociadas a enfermedades vinculadas al consumo de agua contaminada. En ese mismo período, se contabilizaron 478.612 casos de enfermedades vinculadas a problemas en la calidad del agua. Más de la mitad de los afectados fueron niños de 0 a 11 años (60,72%). Hoy, unas 42.000 personas que viven en las orillas e islas del Titicaca siguen dependiendo del lago para beber, alimentarse y sostener su economía.Eso es lo que revela ?Bajo la superficie: la crisis que esconde el lago Titicaca?, un especial periodístico de datos desarrollado por el Laboratorio Universitario de El Comercio. El proyecto cruza más de una década de información oficial de la Autoridad Nacional del Agua, el Instituto del Mar del Perú, el Ministerio de Salud, el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Vivienda, la Contraloría General de la República, entre otros.Los datos son contundentes. Hay más de 150 puntos identificados de vertimiento, pasivos mineros y otras fuentes de afectación ambiental distribuidos en ocho cuencas hidrográficas. El río Ramis llega al Titicaca con concentraciones de hierro 35 veces por encima de lo que el Estado Peruano considera seguro para el ser humano. En la intercuenca Azángaro, el mercurio ?un metal que daña el sistema nervioso, los riñones y puede causar la muerte? supera el límite permitido 2.153 veces. El río Coata, que abastece a comunidades enteras de Capachica y Coata, arrastra cada año más de 4.000 toneladas de residuos sólidos y un volumen de aguas residuales ?es decir, desagüe sin tratar? equivalente a llenar más de 300 piscinas olímpicas. La bahía interior de Puno recibe al menos 15 descargas directas de aguas servidas que contienen bacterias fecales como ?E. coli.?, que causa diarrea severa, deshidratación y puede ser mortal en niños y adultos mayores.El impacto en la salud es visible, aunque las autoridades lo reconocen a medias. Fiorella Luna Lino, coordinadora regional de la Estrategia de Metales Pesados de la Dirección Regional de Salud de Puno (Diresa), sostuvo que la institución tiene ?población expuesta? pero no ?intoxicada?: para declarar una intoxicación, explicó, se requiere que el paciente presente síntomas clínicos específicos, algo que según la Diresa no ocurre todavía. Sin embargo, los propios tamizajes de la institución cuentan otra historia: entre el 70% y el 72,3% de los niños y gestantes muestreados en Capachica, Coata y Huata tienen arsénico ?un metal cancerígeno? en la orina por encima del valor de referencia. El arsénico tiene efectos progresivos; su daño es lento, acumulativo, y puede tardar diez o 15 años en manifestarse como cáncer, insuficiencia renal o daño neurológico.Cuando se le preguntó qué pueden hacer las personas expuestas, la respuesta de la funcionaria fue que ?la única remediación es que la persona se aleje del factor de riesgo?. Es decir, irse. Abandonar sus tierras, sus animales, su modo de vida. Para miles de familias que no tienen adónde ir, esa no es una opción. Y el presupuesto para el programa de tamizajes, seguimiento y atención de población expuesta a metales pesados tampoco alcanza: la red de salud Puno opera con una base de 16.000 soles anuales y en el 2025 solo llegó al 17% de su meta de atención. ?No es suficiente. Tengo que mencionarlo una vez más, es poco?, admitió Luna Lino.El Estado prometió actuar. El proyecto Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Titicaca comprometió más de S/860 millones para construir plantas de tratamiento en Puno y Juliaca. Las obras comenzaron en el 2021, acumularon observaciones de la contraloría por deficiencias técnicas y pagos por trabajos no ejecutados, y el contrato fue anulado en el 2023 sin que se tratara una gota. El Proyecto Especial Binacional Lago Titicaca duplicó su presupuesto entre el 2017 y el 2026, pero la contraloría reporta obras paralizadas desde el 2014.?Cómo se hizo ??Bajo la superficie? es también el primer especial producido con animación 3D de El Comercio. El formato permite al lector recorrer visualmente la ruta de la contaminación, desde el río de Juliaca hasta la orilla del lago donde termina afectando la salud de las personas, como si siguiera el mismo camino que recorre el agua. El especial incluye un minidocumental con imágenes aéreas y registro en campo.El proyecto fue desarrollado por 47 estudiantes de 12 carreras distintas de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y la Universidad del Pacífico, que pertenecen al Laboratorio Universitario: Diseño Profesional Gráfico, Comunicación y Periodismo, Ciencias Políticas, Humanidades Digitales, Comunicación Audiovisual y Medios Interactivos, Comunicación y Publicidad, Ingeniería de Sistemas de Información, Ciencias de la Computación, Ingeniería de Software, Comunicación e Imagen Empresarial e Ingeniería Empresarial. Durante el desarrollo de los proyectos, los estudiantes participan en sesiones de periodismo de datos, narrativas digitales e inteligencia artificial, acompañados por la líder del laboratorio y el equipo editorial.Ese cruce de disciplinas no es un detalle menor: permite que una misma redacción estudiantil combine reporteo, análisis estadístico, modelado 3D y diseño de interacción sin depender de proveedores externos, algo que pocas redacciones logran reunir bajo un mismo techo.En el mundo existen laboratorios universitarios de periodismo de datos con un espíritu similar, como Big Local News, de Stanford, o el Knight Lab, de Northwestern, pero casi todos operan dentro de facultades de periodismo, no en la redacción de un medio comercial. El Laboratorio Universitario de El Comercio es uno de los pocos modelos de este tipo en la región: un espacio alojado en la propia redacción de un diario nacional, donde estudiantes de carreras tan distintas como Ingeniería de Software y Ciencias Políticas producen, de inicio a fin, un especial con respaldo editorial.