El amor está de baja
Las miradas simplistas no funcionan para entender nuestra crisis demográfica.
La pegajosa canción de Andrés Calamaro dice que no se puede vivir del amor y que tampoco las deudas se pueden pagar con amor. ¿Pero se puede vivir sin amor? Gran parte de los poetas y artistas piensan que no. "¿Qué hubiera escrito Neruda? ¿Qué habría pintado Picasso", reflexiona el incombustible Ricardo Arjona, que acaba de visitar Chile y no es García Lorca ni Huidobro, pero canta sin cesar sobre lo vital que es el amor. ¿O era?
En la historia del arte, grandes maestros representaron el amor en la figura de Cupido. Un niño regordete, armado de arco y flechas, cuyo disparo provoca amor, deseo y pasión. Botticelli, en su famoso cuadro "La Primavera", pinta a Cupido como un niño alado y con los ojos vendados, cuya flecha apunta a las Tres Gracias. Ellas bailan sobre la hierba, sin advertir que un flechazo las puede transformar por completo.
Hoy las pantallas y las apps de citas parecen haber desplazado la metodología de Cupido y al flechazo "presencial". Pero tampoco han sido muy efectivas. El amor está "de baja", como dirían mis hijos adolescentes. Varias indagaciones -muchas vinculadas a la crisis de la natalidad- muestran que hoy existe menos iniciativa a la hora de iniciar un romance, paso importante en la formación de parejas estables y, por ende, en anidar el deseo de tener hijos.
También hay señales de una "recesión de citas", pese a las ofertas de Tinder y otras plataformas. Una encuesta estadounidense de 2025 indicó que el 74% de las mujeres solteras y el 64% de los hombres solteros dijeron haber tenido pocas o ninguna cita en el último año.
En Chile también hay estudios que hablan de una menor formación de parejas. Así lo indica una investigación reciente del CEP, que señala que la estabilidad de la pareja es un factor clave en las decisiones reproductivas, y la propensión a emparejarse se suele definir en etapas tempranas de la vida y es difícil cambiar después.
Y hablando de etapas iniciales, el psicólogo social Jonathan Haidt advierte que una infancia basada en el teléfono y las pantallas debilita las condiciones sociales y sicológicas que ayudan a construir vínculos reales, incluidos romances y relaciones estables.
Tampoco la generación de boomers ha sido muy entusiasta en la transmisión de la experiencia del amor y la maternidad. Los hijos oyen hablar mucho de los costos y "penalización" de la maternidad y poco de sus beneficios y alegrías (lo que también tiene que ver con una situación real, que requiere cambios importantes).
En este escenario, las miradas simplistas, que reducen todo a costos económicos o a decadencia moral, no funcionan para entender nuestra crisis demográfica. La nueva comisión "Chile Renace" no debiera temer abordar las complejas variables que inciden en este trance.
Y aunque puede sonar como una cursi canción de Arjona, examinar la mirada de nuestra infancia y juventud al amor, el romance, la soledad y el compromiso debiese figurar entre los temas debatidos. Pues es difícil vivir del amor, pero más complicado es vivir sin él.