Lunes, 29 de Junio de 2026

Una lección de humanidad

ColombiaEl Tiempo, Colombia 29 de junio de 2026

Me dormí viendo imágenes de edificios desplomándose como castillos de naipes, de personas enterradas bajo kilos de escombros, de niños despertándose de la inconsciencia para saber que sus padres habían muerto

Me dormí viendo imágenes de edificios desplomándose como castillos de naipes, de personas enterradas bajo kilos de escombros, de niños despertándose de la inconsciencia para saber que sus padres habían muerto. Soñé con aviones sobrevolando un cielo plomizo, aviones con víveres, con medicamentos, con cuerpos médicos. Soñé también con los 135 repatriados de Estados Unidos que llegaron un día antes del terremoto para ser alojados en un hotel que se derrumbó. Sobrevivieron solo doce. En la última parte, soñé con una mesa en la que estaba recostada cuando perdía una pata y yo perdía el equilibrio y caía con ella. Me despertó el impacto de la caída. Abrí los ojos pensando en el país vecino. Ya han pasado seis años desde que hiciera el último viaje de cuatro entre Colombia y Venezuela para escribir el libro Cuando éramos felices y no lo sabíamos. Mi memoria volvió a los puestos de frutas en las calles, los buses destartalados, los hospitales ya destripados entonces, los cortes de agua y de luz, la confusión, el hambre, el humor negro caribe y descreído de los jóvenes, la esperanza intacta de algunos, la risa rebelde de todos, sin importar el tamaño ni el color de sus desgracias. Porque el humor y la esperanza son revolucionarios siempre, pero lo son todavía más en tiempos de grandes tragedias. Eso se lo aprendí a los hermanos venezolanos, a su talante para hacer excursiones en busca de agua, a su ímpetu para montar cocinas comunitarias y darles de comer a quienes no tienen. Vi a mujeres de setenta años levantarse a las cuatro de la mañana a prender fogones para alimentar a cientos de niños. Una de ellas me dijo: "Mi anhelo es que la muerte me pille trabajando". Otras montaron una escuela en casa para suplir el cierre de las que tenían en cercanías. Un grupo de hombres decidió poner en marcha un sistema de transporte para el vecindario, ya que el público había dejado de suplir esa ruta. Y así, cada cual lleva años viendo cómo da lo mejor que puede y a quien más lo necesita. Venezuela es un país de gente solidaria, con un poderoso sentido de comunidad. Confieso que les envidio esta actitud. En Colombia, tan parecida y tan distinta, vivimos atrincherados en posturas políticas, ideologías teñidas de odio. Quizá porque todavía sentimos que hay un Estado al cual reclamarle por nuestras desgracias, carencias y decepciones, nos agazapamos en el discurso, en la retórica, en una furia estéril en las redes sociales encendidas de señalamientos, recriminaciones y amenazas. ¿Qué necesitamos para unirnos como el pueblo venezolano? ¿Qué tiene que pasar para entender que necesitamos unirnos por un bien común? ¿Dos terremotos seguidos y miles de muertos? ¿Ver cómo se derrumban las instituciones y los servicios que consideramos obvios? Hablo de la luz y el agua y la Fuerza Pública y la salud y la educación. ¿Solo así podremos entender que solo nos tenemos los unos a los otros? En las noticias veo las movilizaciones. La gente lleva víveres, medicinas, colchones, ropa, hasta plantas eléctricas, levantan escombros con las manos hasta que los vence el agotamiento sin que importe qué piensa el que está enterrado o el que está cavando para rescatarlo. No obstante la avalancha solidaria, hace falta coordinación para que no colapsen las vías por donde las ambulancias intentan pasar sin éxito. El Gobierno saca a sus militares uniformados sin mayor instrucción o propósito. Y la gente hace lo suyo porque desde hace décadas aprendió a resolver por cuenta propia. A los centros de acopio seguirán llegando las ayudas. Las brigadas de jóvenes voluntarios seguirán sumando miles a sus filas. Este es el resultado de décadas de construcción de una red de solidaridad nacida de la escasez. Venezuela, que ya estaba viviendo bajo las ruinas de un régimen despótico, hoy viene a darnos a los colombianos, una vez más, una lección de humanidad. @melbaes
Venezuela, país de gente solidaria
Melba Escobar
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