Martes, 30 de Junio de 2026

Reino Unido como síntoma

UruguayEl País, Uruguay 30 de junio de 2026

Lo que ocurre en una de las más antiguas y sólidas democracias del mundo es, sin embargo, poco novedoso.

La renuncia del primer ministro británico Keir Starmer luego de menos de dos años de gestión y un triunfo arrollador en las últimas elecciones nacionales de julio de 2024 no es un caso aislado ni en su país ni en el mundo. El arte de gobernar se ha vuelto cada vez más complicado por una serie de razones en las que vale la pena detenerse.

Lo que ocurre en el Reino Unido es sólo un ejemplo de un patrón de carácter general. Un primer ministro que logró un triunfo contundente en las urnas marcando el regreso del Partido Laborista el gobierno se ve obligado a renunciar a menos de dos años de haber asumido por el descontento que generó en propios y ajenos. Pero el problema no fue sólo la tibieza de un "laborista de derecha" que no procesó reformas procompetencia que dejaran contenta a la derecha ni cambios proestado que dejaran satisfecha a su base electoral, aunque esta insolvencia es parte del asunto.

En los últimos 10 años los británicos tuvieron 6 primeros ministros Cameron, May, Johnson, Truss, Sunak y Starmer, con el caso extremos de Truss que no llegó a los 2 meses. Esto contrasta fuertemente con el período 1979-2007, casi tres décadas en que sólo ocuparon el 10 de Downing Street tres personas: Margaret Thatcher, John Mayor y Tony Blair. Y el cambio más grande puede ser aún el que asome para las próximas elecciones en que puede producirse el tsunami de que se desplomen laboristas y conservadores ante el ascenso del Reform UK de Nigel Farage.

Lo que ocurre en una de las más antiguas y sólidas democracias del mundo es, sin embargo, poco novedoso. Fracaso de los partidos establecidos, inestabilidad gubernativa y emergencia de un outsider populista con recetas mágicas.

Amén de que el tema requiere explicaciones profundas, para no lavarse las manos apelando a que son fenómenos demasiados complejos, transversales y multicausales algunas cosas pueden decirse. En primer lugar, los electores están cada vez más exasperados y demandan soluciones a temas complejos con escasa paciencia para las explicaciones largas. La capacidad de generar resultados palpables de la política parece viajar en carreta mientras que las expectativas ciudadanas lo hacen en avión.

En segundo lugar, el Estado cada vez tiene menos capacidades para responder a estas demandas, aunque suele ponerse en el centro de todos los debates. Se requieren respuestas más descentralizadas, ágiles y con los pies en la tierra que las que surgen de los burócratas que quieren gastar más en lo que no funciona.

En tercer lugar, faltan liderazgos con ideas claras, vale decir falta rumbo y convicciones, de lo que, nuevamente Keir Starmer es un ejemplo paradigmático. Es cierto que las condiciones generales no han sido las mejores en los últimos años, pero no hay viento bueno para quien no sabe a dónde va.

¿Será pura casualidad que la primera ministra que duró más en su cargo en los últimos dos siglos y reformó sustancialmente el país fue también la más clara conceptualmente, la más firme en su rumbo y la que mejor defendió la democracia de los grupos de presión que la atosigaban? Aquí puede haber una pista; en el Reino Unido y más allá se necesitan más políticos con el coraje y las ideas claras de Margaret Thatcher y menos malabaristas que quieran quedar bien con todo el mundo como Keir Starmer.
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