Nos van a quitar el subsidio
Ya puedo contarles la verdad: me preocupaba que Iván Cepeda perdiera las elecciones
Ya puedo contarles la verdad: me preocupaba que Iván Cepeda perdiera las elecciones. No en mi calidad de ciudadano. Como ciudadano, tenía claro que lo peor que le podía pasar a Colombia eran cuatro años más de Pacto Histórico. Sino en mi calidad de columnista. Todo colega sabe que uno de los retos del oficio es la escogencia del tema. Hay semanas en que llega sin esfuerzo y solamente hay que sentarse a escribir. Pero hay semanas en que no aparece y toca salir a buscarlo hasta debajo de las piedras. Y a medida que se acerca la hora de entrega, cunde el desespero. El cuatrienio de Petro, sin embargo, fue tan pródigo en escándalos, desaciertos, desvaríos, disparates, desilusiones y papayazos que lo difícil era seleccionar un solo tema del suculento menú que se nos ofrecía cada semana. El terror del columnista, quedarse sin ideas, desaparecía. Pero justo cuando nos acostumbrábamos al cuerno de la abundancia, la derrota del Pacto vino a ponerle fin a la bonanza. Pero, calma, colegas. No hay tanto que temer. Desde la oposición, el petrismo seguirá siendo la cantera del opinador. Lo acaba de demostrar el propio Cepeda, con un llamado surgido de las honduras mismas de donde provienen las ideas más descabelladas del petrismo —de donde salen, por ejemplo, los trinos del Presidente en X—: un llamado a la "desobediencia civil" si el presidente electo, Abelardo de la Espriella, no cumple una serie de condiciones estipuladas por el candidato derrotado. Resulta cuando menos insolente que el perdedor le haga exigencias al ganador para aceptar el resultado. Pero ese es un acto de rebeldía personal. Si así lo desea, Cepeda lo puede ejecutar en la sala de su casa. Resulta mucho menos inofensiva, en cambio, su invitación "a los millones de electores que depositaron en mí su confianza a que... desconozcan pacíficamente cualquier orden" del próximo presidente. Uno no puede evitar hacerse ciertas preguntas. ¿Cuál es el alcance de esa "desobediencia civil"? ¿El votante cepedista se negará a pagar los impuestos que decrete el nuevo gobierno? ¿La desobediencia es el preámbulo de la constituyente? ¿Se quiere incitar otro estallido social como el de 2021? No es necesario estirar mucho la cuerda para intuir que, por "pacífica" que sea la "desobediencia", puede desembocar en graves desórdenes. ¡Y este era el candidato que la materia gris de la nación nos vendía como la opción democrática! Eso reportó El País de España: que los intelectuales colombianos en su mayoría se inclinaban por Cepeda. Menudo "demócrata" que, sin que se haya posesionado su rival, invita a medio país a desconocerlo. Todo porque necesita sostener un clima de confrontación para no pasar de moda. Por eso, lo más efectivo ante este caso (y los que vendrán) es lo opuesto a lo que hago en esta columna. Es, en otras palabras, dejar de prestarles atención a estas ocurrencias. Las de Petro fueron igualmente ignorables, pero es más difícil ignorar algo cuando quien lo propone controla la Rama Ejecutiva, los medios públicos y la chequera del Estado. Ahora que el Pacto será oposición, deberá plantear ideas sensatas y constructivas si quiere que le paremos bolas. Recordemos que Petro convocó varias marchas "masivas" y ninguna le funcionó. Solo las salvaban la asistencia de empleados públicos que si no iban podían caer en desgracia. Por fuera del poder, la capacidad del Pacto para inspirar un gran movimiento de rebeldía será aun menor. En consecuencia con lo anterior, me resigno a que vienen años duros para el oficio del opinador. Se acabó el festival de ideas subsidiadas por la Casa de Nariño. Nos toca volver a salir a buscar el tema de la semana con el sudor de nuestra frente. Es una mala noticia para los columnistas. Pero una gran noticia para el país. @tways / tde@thierryw.net
Tubo de ensayo
Thierry Ways
La ‘desobediencia civil’ a la que invita Cepeda marca el fin de una bonanza para los columnistas colombianos.