Marcos Soto advierte que gobernar no es solo administrar una situación de la mejor manera posible, "también es construir las bases del país que imaginamos de acá a 20 o 30 años".
Para Marcos Soto, están pasando "demasiado pocas cosas" en Uruguay en la actualidad, lo que representa "una pérdida de tiempo" en medio de "un mundo tan convulso". El decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica (UCU Business) dice estar preocupado por el tiempo que se pierde "enredados en temas menores", en lugar de proyectar los desafíos que se vienen, como la Inteligencia Artificial en la educación y en el trabajo. Soto destaca el proyecto de ley de competitividad, como "un primer paso en un camino de modernización que debe seguir", y si bien reconoce la urgencia de los objetivos prioritarios definidos en el proyecto de Rendición de Cuentas, definió el aumento del gasto como "una luz amarilla". A continuación, un resumen de la entrevista.
¿Cómo atraviesa Uruguay una coyuntura global tan compleja?
Estamos en un momento donde, acá, pasan muy pocas cosas. A uno le gustaría más dinamismo, más perspectivas de desarrollo, más construcción de futuro. Quedamos embarrados en cuestiones de coyuntura, que no contribuyen a seguir construyendo el futuro y eso termina generando un gran pantano. En un mundo bastante incierto, convulso, y una región que se caracteriza por su inestabilidad social y política, que acá no pase nada es tiempo perdido.
¿Qué debería estar pasando?
Todavía tenemos pendiente de abordaje grandes reformas estructurales, algunas que las autoridades actuales no decodifican que formen parte del mandato que les dio la ciudadanía, pero que necesitan ser encaradas. Gobernar no es solo administrar una situación de la mejor manera posible, también es construir las bases del país que imaginamos de acá a 20 o 30 años. Y en eso también hay que trabajar hoy. Proyectar qué niveles de infraestructura estamos imaginando que serán necesarios; qué educación del futuro nos imaginamos atravesada por toda la revolución de la inteligencia artificial, y cómo la IA va a transformar la vida laboral de las personas y las bases de la economía. En base a ello, qué verticales productivas el país va a desarrollar e impulsar, donde nos favorezcan las ventajas competitivas. Pensar en el turismo que podemos ofrecer, en los servicios que el país debe brindar y no solo en el turismo. Esas son las cosas que deberíamos estar discutiendo hoy. Es cierto que han pasado cosas positivas, pero no nos podemos descansar en ellas.
¿Cuáles son esas cosas positivas?
La concreción del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea es un gran paso. Por lo que significa el acuerdo comercial en sí y la posibilidad de llegada de nuevas inversiones, pero también por todo lo que lo rodea, con la expectativa de un marco mucho más dinámico con diálogo avanzados con Canadá, Japón, Vietnam, el acuerdo con Singapur, y otros destinos que empiezan a aparecer dentro de las estadísticas de exportaciones uruguayas, como es el caso de Egipto. Otro punto relevante actual es la primera ley de competitividad, un proyecto de ley al que se llega escuchando a todos los actores. No es una obra acabada, va a llevar mucho tiempo, y esta ley tiene que ser concebida como el primer escalón. Esperamos que el que el Parlamento esté a la altura, aprobando el proyecto lo más rápido posible. Otro lado, se está trabajando en relación con las verticales productivas, identificándolas y ver de qué manera favorecerlas. Además, la actividad económica si bien está más lenta de lo que uno desearía, también es cierto que no hemos tenido ningún evento dramático. La economía uruguaya viene mostrando cierta resiliencia hace ya muchos años.
¿A qué se refiere?
A lo largo de los últimos 24 años, Uruguay ha tenido un desarrollo acelerado para lo que ha sido su historia más contemporánea y accedido un stock de desarrollo del que cuesta mucho movernos ahora. Es decir, porque una cosa es cuando uno está en el subsuelo y quiere ir a planta baja. Bueno, quizás ese será más rápido. Son notorias les diferencias en la calidad de vida, en las formas de vivir, en los servicios que tenemos. Eso debemos tomarlo como punto de partida y no caer, como nos pasó en otras etapas de nuestra historia. Cada vez más cuesta alcanzar mejoras que sean realmente percibidas como tales. Los costos para producir son un gran desafío.
Son nuestra mayor trampa, pero también a veces es nuestra mayor excusa para no acelerar y buscar alternativas. Creo que la ley de competitividad en parte busca romper algunos preconceptos y favorecer la competencia. Hay mucha cosa para hacer en ese terreno, pero entre otras, hay demasiados mercados oligopólicos en Uruguay, donde seguramente haya acuerdos tácitos de precio, y esos acuerdos tácitos de precio los paga el consumidor. Un tema muy importante en el que debemos trabajar es el demográfico.
¿Qué debería hacerse?
Sabemos que nuestra escala es muy baja, pero hay cosas que no las vamos a poder cambiar en el corto o mediano plazo, como la baja tasa de nacimientos. Pero sí podemos operar sobre otros aspectos. Por un lado, generar buenas oportunidades en el país para reducir la emigración estructural que tiene Uruguay,de muchos jóvenes que van a buscar un futuro mejor afuera. Ahí hay que buscar la forma de trabajar. Y lo otro es cómo atraer corrientes migratorias extranjeras, algo que se está produciendo pero por condiciones globales coyunturales. En el último año tuvimos un saldo neto en el flujo migratorio de 22 mil personas. Apostar a que lleguen personas que produzcan, que consuman, que paguen impuestos.Por eso, hay que tener no solo la condición de captar migrantes, sino de retenerlos.
Esta semana comienza el debate parlamentario en torno a la Rendición de Cuentas, ¿qué destacaría de las decisiones de gobierno reflejadas en el proyecto?
En primer lugar, destaco que la economía, de algún modo, logre traducir la intención política. Eso se refleja en las decisiones controladas de gasto en algunas áreas y el incremento priorizado en otras. Efectivamente habrá un incremento del gasto, que puede que no sea hiperexcesivo, pero en momentos de deterioro de situación fiscal, siempre enciende alguna luz amarilla, frente a una economía a la que le está costando crecer a los niveles proyectados. Ese aumento del gasto hay que explicarlo muy bien, y sobre todo, su fuente de financiamiento. Espero que ese incremento de gasto propuesto, efectivamente alcance los objetivos que se plantea, con una reducción importante de la pobreza infantil, desde el punto de vista de los ingresos. Es sabido que no alcanza solo con eso y que debe trabajarse en otras dimensiones de la pobreza en los hogares donde viven esos niños. Ese es el desafío mayor; cómo rompemos esos circuitos de la trampa de la pobreza que claramente no se agotan con aumentar el ingreso que percibe el hogar. Sería importante que estos temas no sean objeto de riña política, sino que reúnan el consenso lo más rápido posible.
En este contexto, ¿cómo definiría el clima de negocios y de confianza de los consumidores?
Estamos con luces amarillas, indudablemente; porque cuando hay algunos datos que surgen de mediciones objetivas, que se empiezan a deteriorar, hay que atenderlos y tratar de entenderlos. En particular, en lo que refiere al índice de confianza al consumidor que elaboramos con Equipos consultores, se describe una situación particular. La gente percibe que el país, o el horizonte económico del país, tendrá un deterioro mucho más grande que la economía propia. Hay una brecha muy grande en su percepción. Además, la predisposición a comprar bienes durables por parte de los individuos o familias, si bien está deteriorada, no lo está tanto como la percepción sobre cómo está el país. O sea, hay cuestiones en las que no le está yendo bien al país, pero que todavía no me están afectando de forma muy directa ni tampoco hacen mella en las decisiones de consumo durables. Sumado a eso, otros trabajos muestran un deterioro en el clima de negocios, donde creo que no solamente hay aspectos económicos. También pesan otros elementos, como una sensación de que no está claro hacia dónde va el equipo de gobierno, que hay desavenencias entre sus integrantes, y eso incide, porque el inversor buscar certezas a la hora de elegir qué hacer con su capital. En un país que necesita incrementar notoriamente la inversión, las señales tienen que ser claras y concretas. Ahí también hay que trabajar en los regímenes promocionales buscando mejoras. Me consta que últimamente se ha trabajado notoriamente en mejorar los tiempos de gestión, de respuesta, en la Comap. También con el último decreto que busca profundizar algunos indicadores que para mí son claves, como la promoción de la adecuación tecnológica y el incentivo a la investigación del desarrollo. El país tiene que reducir costos, y en parte eso pasa por adecuarnos tecnológicamente e implementar nuevas formas de hacer.