Martes, 07 de Julio de 2026

El poder en Irán

ChileEl Mercurio, Chile 7 de julio de 2026

El régimen no colapsó, pero sí parece haberse reestructurado.

Miles de iraníes han desfilado para honrar al asesinado líder supremo, ayatola Alí Jamenei, pero su hijo y sucesor no estuvo presente. Tres pueden ser las razones: o está todavía malherido tras los ataques del 28 de febrero que mataron a su familia, o teme un nuevo atentado israelí contra su vida, o -lo que piensan los más escépticos- nunca sobrevivió al bombardeo. Cualquiera sea la realidad, y desmintiendo el vaticinio de Donald Trump, el régimen iraní no colapsó y parece haberse reestructurado con una nueva generación en el poder. Una más decidida a ofrecer resistencia y más agresiva en el uso de sus medios militares, pero, al mismo tiempo, proclive a buscar un nuevo entendimiento con Estados Unidos. Las ceremonias fúnebres son un intento por mostrar no solo unidad en el liderazgo, sino fortaleza y autoridad en momentos de gran incertidumbre.
Mojtaba Jamenei fue elegido por la Asamblea de Expertos con los votos de 59 de los 88 miembros, lo que evidenció que una facción de la dirigencia no deposita su confianza en el hijo del hombre que lideró la revolución desde 1989. En parte, hay rechazo de un sector a la idea de un régimen hereditario, pero Mojtaba por años fue tejiendo una red de relaciones políticas que lo dejó bien situado al momento de la muerte de su padre, en un modelo que parece monolítico, pero que ha tenido permanentes disputas entre conservadores (clérigos fundamentalistas) y reformistas. Ahora, con la guerra, ha surgido otra división: la de los "duros", que rechazan cualquier componenda con EE.UU. porque sería una claudicación, y los "pragmáticos", que creen que para que Irán sobreviva y se pueda restaurar la economía necesitan terminar el conflicto. Por ahora, los pragmáticos llevan la delantera y Mojtaba les estaría dando el apoyo, a pesar de que en su declaración sobre el acuerdo de cese el fuego no parecía muy entusiasmado. Lo convencieron el Presidente Masoud Pezeshkian y el líder parlamentario Mohamed Bagher Ghalibaf, las dos principales figuras del sector pragmático, que son hoy la cara visible del gobierno. Detrás de ellos está la temible Guardia Islámica Revolucionaria, el cuerpo militarizado que controla los arsenales de misiles y drones, y que han dirigido la defensa iraní con decisión y sin miramientos, lo que les permitió consolidar un poder que los tiene hoy manejando el país. Ghalibaf fue comandante de la GIR y por eso ejerce influencia sobre ella, pero adentro también existen divisiones que podrían complicar futuras tratativas.
El equilibro de poder entre las fuerzas políticas es inestable y probablemente de los resultados de las negociaciones dependa que los pragmáticos puedan mantenerse al mando. Los duros tienen suspicacias respecto de cualquier acuerdo, porque temen que se hagan concesiones que supongan cambios más profundos en Irán y en las relaciones con EE.UU. No es que los pragmáticos aboguen por reformas de fondo, que por ejemplo lleven a una democracia, pero los duros temen quedar sometidos a condiciones impuestas por Occidente. Para los pragmáticos, el incentivo principal de negociar es el alivio económico que supondría el levantamiento de sanciones. Necesitan tener algo que ofrecer a una población agotada, que ha vivido en crisis permanente. Un fracaso en esto empoderaría a los que buscan pretextos para boicotear cualquier arreglo de paz.
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