Pena máxima para Colombia: sufre la falta de gol y cae eliminada en los penales
Ante Suiza, la escuadra cafetalera recayó en el pecado que cometió todo el certamen: dominar mucho y concretar poco. Fue incapaz de quebrar el 0-0 y en la definición falló dos veces. La producción ofensiva, cinco goles en cinco juegos, fue la mancha de la "Tricolor".
A los 114 minutos, Colombia estuvo cerca de la gloria: Jaminton Campaz aprovechó la única vacilación defensiva helvética, que el talentoso Granit Xhaka no despejó a tiempo, y quedó frente a frente con el portero Gregor Kobel.
El wing acomodó la pelota, una pelota soñada, porque estaba sin marca, y disparó a puerta. Pero lo hizo mal: ni siquiera le apuntó al marco. Era el gol de la gloria que quedó en nada. El marcador no se movió y en la tanda de penales los europeos fueron certeros, pues Davinson Sánchez y Juan Camilo Hernández erraron sus disparos: el primero envió al vertical y el segundo fue vencido por los reflejos del golero Kobel.
"Darle la gloria a Dios, por él y para él estamos acá. El destino es así, hay que aceptar su voluntad. No hay nada que reprochar, creamos ocasiones, fuimos superiores. Y en la tanda de penales mucha gente dice que es suerte, así estaba escrito. Fue la voluntad de Dios. Dimos todo, dejamos el nombre de Colombia en alto. Lo duro ahorita es volver, ponerse las botas y levantarnos, nos faltó convertir", reflexionó un emocionado Damián Muñoz.
La selección de Néstor Lorenzo anotó cinco goles en cinco enfrentamientos. Y tres fueron a Uzbekistán, de las peores selecciones de la Copa. El registro apunta festejos ante RD del Congo y Ghana, pero no ante Portugal ni frente a Suiza.
Colombia fue de las selecciones que más propusieron en el torneo. Siempre fue encima del rival, utilizó laterales adelantados (el diestro Muñoz, de hecho, aportó con dos anotaciones), Gustavo Puerta fue de los mejores volantes y Luis Díaz, de los grandes punteros.
El mediocampo fue dinámico y las transiciones rápidas. Pero el dominio no tuvo el final deseado. Ante Suiza, y como en casi todo el torneo, James Rodríguez asistió poco. Sin el ritmo de la alta competencia, no pudo trascender. Y cuando pasa eso, sufren los artilleros.
En Vancouver, Canadá, el tercer país que visitó Colombia en el certamen, Jhon Arias no gravitó como ante Ghana. Se dedicó más a contener y a solidarizar con el bloque defensivo. Campaz, dicho está, desperdició la ocasión más clara y los dos centrodelanteros -Luis Suárez y Hernández- casi no tuvieron opciones. La otra situación de peligro corrió por cuenta de Jhon Lucumí, pero el travesaño devolvió su potente cabezazo.
También quedó la impresión de que Suiza, con un poco más de imaginación en los metros finales, pudo haber ganado en tiempo reglamentario. Porque armó bien, con mucha rotación entre los centrales, por momentos monótona hasta que asomaba Xhaka rompiendo líneas y profundizando.
El lío de los europeos, sin embargo, fue que ni por las orillas ni por el centro tuvieron el finalizador que mandataba la brega: la ausencia del lesionado Johan Manzambi se hizo sentir en las huestes europeas.
Ante la escasez de bocetos ofensivos, definir desde el punto penal fue lo más justo. Uno tenía que ganar y lo hizo el más efectivo: Suiza será rival de Argentina, este sábado, en Kansas.
"Es un día triste. Este equipo, este país, estaba para mejores cosas. Dios, el fútbol, la vida, nos trajo hasta acá. Gracias a la gente que llenó todos los estadios. Esperemos que esto sea un punto de inflexión. Hay que mirar el lado positivo", declaró Suárez.
Colombia tiene con qué, una generación de jugadores formidable, que esta vez le faltó más gol, pero que no claudicó en una idea de juego que mantuvo incluso hasta en su jornada más triste en Norteamérica.