Domingo, 12 de Julio de 2026

El espejo que Colombia evita

ColombiaEl Tiempo, Colombia 12 de julio de 2026

El Mundial es una de las pocas ocasiones en que Colombia se atreve a mirarse sin filtros

El Mundial es una de las pocas ocasiones en que Colombia se atreve a mirarse sin filtros. Durante unas semanas celebramos ser un país de regiones, de acentos distintos, de pieles múltiples, de historias atravesadas por desigualdades y resistencias. Reconocemos, sin decirlo del todo, que esa mezcla es hermosa y también necesaria: es ella la que nos permite competir, ganar y posicionarnos en el mundo. En el fútbol toleramos lo que en la vida diaria incomoda. Durante el Mundial nos reconciliamos, convenientemente, con el espejo: aplaudimos a esa Colombia diversa, naturalizamos lo que siempre ha estado ahí, como si millones de personas no existieran más allá del estadio. Pero termina el partido y vuelve la amnesia. ¿Cuáles negros? ¿Cuál Pacífico? ¿Cuál Chocó? Afuera del estadio parece que no existiéramos, siendo millones. Nos emocionamos con Arias, el orgullo de Quibdó; con Campaz, desde Tumaco; con Puerta, desde La Victoria; con Luis Suárez y esa Santa Marta que también es negra e indígena; con Dávinson y Caloto; incluso con Quiñones, hijo de Magüí Payán, un lugar que muchos no sabrían ubicar en el mapa. Vemos la dupla de Lorenzo y Amaranto, y ahí también la diversidad es esencial. Celebramos los goles, pero no siempre los territorios y las historias que los hicieron posibles. Lo que Colombia hace con su diversidad es, en el fondo, lo mismo que el mundo hace con África. El continente llegó a este Mundial con diez selecciones; nueve avanzaron a dieciseisavos. Esa África árabe y negra, diversa y múltiple, no se queda en la competencia: protagoniza. Sus hijos e hijas —migrantes o descendientes— lideran equipos europeos, marcan goles decisivos, sostienen defensas, atajan penales . Lo vemos en América Latina y más allá. La diáspora africana dejó de ser marginal en el fútbol mundial hace rato; hoy es central. Pero esa centralidad solo se aplaude cuando conviene ganar. Después vuelve la incomodidad frente a lo que representa. Y cuando esa incomodidad se convierte en desprecio, el eco es global. Ocurrió cuando una presentadora colombiana se burló en redes del hincha congolés que rendía homenaje a Patrice Lumumba, el primer líder de la independencia de la República Democrática del Congo; y luego, cuestionada, respondió que no le interesaba conocer la historia de independencia de los países africanos. No estaba hablando de un dato exótico ni de un territorio remoto: estaba tocando la memoria de un continente de 54 países y de una diáspora de más de 1.500 millones de personas. Por eso las reacciones llegaron desde España, Portugal, Estados Unidos y distintos países africanos; la comunidad antirracista respondió porque entendió la dimensión perversa de esos comentarios en la vida cotidiana de millones. Tampoco comprendió que buena parte de la ascendencia africana en Colombia es congoleña. Al humillar al continente africano se ofende también a esas Áfricas que están presentes todos los días en lo que somos, en lo que escuchamos, en cómo hablamos y en cómo celebramos. Basta ver las fiestas que compartimos con hinchas del Congo o de Ghana después de los partidos, entre soukous, afrobeats y champeta. Por eso también nos identificamos con Cabo Verde, con su nobleza y su resistencia. No es coincidencia: es raíz compartida. África no es un insulto. Colombia es tan africana como europea, aunque a veces intente opacar ese espejo en lugar de mirarlo de frente, para reconocer tanto su belleza como sus cicatrices. Soy colombiana. Amo este país con todas sus contradicciones, incluso cuando decide no verse completo; con su ignorancia normalizada, que a veces roza el analfabetismo cultural; con sus ausencias, aun cuando no siempre me devuelve el mismo cariño con el que lo amamos millones de afrodescendientes. Me emocionan el talento colectivo, la nobleza de Quintero, la complicidad entre Campaz y James. Eso es equipo. Eso es potencia. Pero no deberíamos esperar al próximo Mundial para reconocernos. La diversidad no es un recurso de temporada: es la condición para ser país.
La Selección y nuestra diversidad
Paula Moreno
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