Una Rendición de Cuentas que refleja múltiples restricciones y deja dudas
El MEF parece repetir la historia de los dos períodos anteriores. Por un lado, se proyecta un crecimiento económico para el quinquenio, que enseguida debe ser revisado hacia abajo y que termina siendo inferior al inicialmente previsto.
El MEF enfrenta múltiples restricciones en la gestión fiscal, que vienen desde la política: que "no se recibió un mandato de bajar el gasto", que se debe atender determinadas políticas sociales (primera infancia y otras) y de seguridad, que se prometió "no subir impuestos". Y todo eso, tras una década con números insostenibles: un crecimiento económico de poco más de 1% anual y un déficit fiscal promedio de más de 4% del PIB con el consiguiente aumento de la deuda pública.
Además, la Rendición de Cuentas se da en un escenario externo complicado. Por un lado, un mundo con elevada volatilidad, con una guerra que no termina de terminar y con tasas de interés que apuntan a subir. Por otro lado, un vecindario donde Brasil sigue barato (y con incertidumbre electoral) y Argentina se recupera, pero mantiene a su población con sus ingresos menguados, lo que se sintió en la reciente temporada estival.
En ese contexto, una de las restricciones fue violentada, la de no subir impuestos. Al menos, todo lo que se hizo en este ámbito, resulta coherente con el sistema tributario y su mejoramiento, al ajustarse tributos debidamente: la aplicación local del impuesto mínimo global, el impuesto "Temu", el IRPF a las ganancias de capital por activos en el exterior, la disminución de la exoneración de IMESI a los autos eléctricos y el ajuste de la CPE del Fonasa. En todos los casos se trata de ajustes que estaba conceptualmente bien realizar aún si no se requiriera de mayores ingresos.
Estudiando la Rendición, resulta claro que el MEF se las ingenió para que las cosas empeoraran lo menos posible, que, lamentablemente, de eso se trata por lo general nuestra política (atajar penales en vez de hacer goles, desde Paraguay y Colonia). Reasignó partidas por US$ 46 millones y estimó recaudar US$ 31 millones adicionales, volcando los US$ 77 millones resultantes a sus prioridades políticas: pobreza infantil, enseñanza, seguridad y situación de calle.
Como en el Presupuesto ya se había establecido un aumento de US$ 50 millones, el gasto subirá en el año próximo en 81 millones (estos 50 y aquellos 31).
Eso como punto de partida y luego vendrá (continuará) la gestión del gasto lo más restrictiva que sea posible, mediante el cuidado extremo de los "refuerzos de rubro". Es una pena que el talento que hay en el MEF se deba distraer en contar monedas para ver cuánto se puede gastar y a vigilar la ejecución presupuestal. Pero, es lo que hay.
Con ese panorama, este MEF parece repetir la historia de los dos períodos anteriores. Por un lado, se proyecta un crecimiento económico para el quinquenio, que enseguida debe ser revisado hacia abajo y que termina siendo inferior al inicialmente previsto. Eso le ocurrió a Astori y Arbeleche, en cuyas gestiones se terminó creciendo menos que lo planteado en sus respectivos presupuestos. Por otro lado, se plantea una meta fiscal razonable para el final del período, pero ella nunca se cumple. Les sucedió a ellos dos y le va a ocurrir a Oddone. ¿A quién se le ocurre que en el país de los carnavales electorales el déficit va a bajar rumbo a las elecciones? Sólo lo hizo Batlle, más por necesidad que por virtud, después de la mayor crisis de la historia.
Sin ir más lejos, ahora se prevé menos crecimiento (que da lugar a menos recaudación), más presupuesto e igual resultado fiscal al cabo el período. ¿Cómo cierra esto? Con mayores ingresos de difícil estimación.
Y así, cada quinquenio termina con menos crecimiento económico, más presupuesto, más déficit fiscal y, como del cuero salen las lonjas, con más deuda pública en términos del PIB.
En el caso del crecimiento económico, en el Presupuesto se proyectaba crecer 12,8% en los cinco años y ahora, en la Rendición, se estima que crecerá 10,7%. Pero el consenso entre los economistas cuyas expectativas son relevadas por el BCU, apunta a menos de 9% en los cinco años.
Y en cuanto a las proyecciones fiscales, se incluyen estimaciones de ingresos por nuevos impuestos y por una mayor eficiencia en la recaudación, ambas muy difíciles de cuantificar. Cuando se realiza la programación fiscal, es razonable incluir entre los rubros del ajuste a cuestiones ciertas: la no realización de una obra pública que estaba prevista, el aumento de los precios de la energía, el aumento de la tasa de un impuesto existente (típicamente el IVA) o cosas por el estilo, fácilmente cuantificables. Pero no conviene sumar en la cuenta a eventuales ahorros que se promete realizar o una posible mayor recaudación por eficiencia en la gestión del sistema o el producido potencial de un nuevo impuesto, sin antecedentes. Si algo de todo eso después llega, bienvenido será, pero no conviene vender la piel del oso antes de cazarlo.
Y en la actual programación fiscal hay mucho de eso y lo que más me llama la atención es la precisión de las estimaciones de lo que se espera recaudar. Obsérvese que el ajuste en la cifra de recaudación esperada se estimó en US$ 31 millones. Es curioso que no le hayan puesto decimales.
De acuerdo con las proyecciones del MEF, al cabo del quinquenio el gasto primario del Gobierno Central más el BPS pasará de 27,6% del PIB a 28,8% del PIB y su deuda irá de 57,0% del PIB a 62,7% del PIB. Más presupuesto y más deuda, con escaso crecimiento de la economía. Ya no serían 10 sino 15 años con la misma melodía.
Dos comentarios finales. Uno: no me he referido a las metas de la "nueva institucionalidad fiscal". No creo que esa forma de ver la información fiscal sea mejor que la tradicional, que consiste en trabajar con los datos observados. Soy de la vieja guardia, hace 40 años que veo los mismos indicadores, que siempre me han permitido interpretar la realidad adecuadamente. No creo en "perímetros" limitados que dejan fuera de la cuenta a una parte importante de la historia ni en ajustes de las cifras observadas en base a supuestos de escritorio que las modifican. Dos: sin perjuicio de ello me parece muy saludable que, en bien de la trasparencia, se haya comenzado a registrar, evaluar y reportar las obligaciones para el pago de infraestructura, que se trata precisamente de un rubro que en cierta medida queda por fuera del perímetro fiscal vigente.