Animalismo posmoderno
Mi perro ya tiene diez años y hasta la semana pasada era, simplemente, mi perro
Mi perro ya tiene diez años y hasta la semana pasada era, simplemente, mi perro. Bueno, más que eso: otro hijo para mí y el hermano de mis niños. Así se llaman ellos.
Lo mordió otro can enorme en la calle. Nada grave: un par de dientes marcados, antibióticos, listo. El asunto quedó ahí. Hasta que días después estaba en una poza de sangre y terminamos en el hospital de animales, esos que atienden 24/7.
Y ahí partió la cosa. Principio de septicemia, había que operar. Pero antes: exámenes de sangre e interconsulta cardiológica. Le pillaron un pequeño soplo, nada grave por ahora, pero habrá que evaluarlo. Luego la ecografía: una masa rara sobre el bazo, "potencialmente cáncer". Y la próstata hinchada. Cinco días de hospitalización sugeridos. La cuenta subía y mi intranquilidad también.
En medio de la angustia me vino un momento de lucidez: paren. Vine por una urgencia.
Salimos tras varios días. Mi perrito está bien, feliz, moviendo la cola, sin síntomas de nada. Y yo quedé con el dilema adentro: ¿lo opero preventivamente a los 10 o espero? Si no fuera por esa ecografía, no sabríamos nada. Pero ya sabemos...
Y así divago: ¿vale la pena devolverlo a ese lugar a su edad, encerrarlo, pincharlo, dejarlo sin entender nada, para prevenir algo que quizás nunca llegue? Él no sabe de masas ni de próstatas, solo que lo dejé ahí.
La sobreinformación no cura: instala una contradicción y, a veces, obliga.
Yo no pedí este cuestionamiento posmoderno. Menos, con mi perro.
Eso sí: por ahora, le saqué un seguro.