Sábado, 18 de Julio de 2026

Oportunidades perdidas

ChileEl Mercurio, Chile 18 de julio de 2026

El país no puede seguir permitiéndose dilapidar oportunidades, como ha ocurrido con el litio.

El liderazgo que Chile tenía en la producción de litio se ha ido perdiendo. En 2016 el país producía el 38% del litio del mundo, porcentaje que cayó a 22% en 2024 y a 19% en 2025. Las estimaciones son que bajará a 14% en 2030. Este no ha sido el resultado de una disminución en la producción chilena. Por el contrario, de 70 mil toneladas producidas en 2016, ella fue subiendo hasta alcanzar 297 mil toneladas en 2024 y 322 mil el año pasado, y lo seguirá haciendo hacia el futuro. Más bien, ha sido la lentitud con que el país se ha acomodado a la acelerada demanda mundial por el metal -fundamental en la fabricación de baterías requeridas para el proceso de electrificación del planeta y la sustitución de combustibles fósiles- lo que le ha hecho perder posiciones relativas. Como muestra de ello, Argentina, que hace cinco años producía 37 mil toneladas, ya el año pasado las elevaba a 131 mil. Y hay analistas que sostienen que la lentitud chilena en desarrollar nuevos proyectos -tanto porque se trata de un metal no concesible, lo que impone restricciones a su explotación, como por lo extendido que resulta obtener los permisos necesarios una vez superado lo anterior- podría llevar a que Argentina adelante a Chile en producción de litio hacia 2030.
Algunos afirman que no hay que alarmarse por perder posiciones relativas en la producción del metal, pues eso iba a ocurrir de todos modos, dada la abundancia de litio en el mundo y una demanda que ha crecido muy rápidamente. Lo importante, argumentan, es que la producción está creciendo en beneficio del país. El problema es que esa producción podría haber aumentado mucho más si los procedimientos para desarrollar proyectos de inversión en litio no fueran lo engorrosos que son, si los permisos resultaran más expeditos de obtener y si no existiera la cláusula de no concesibilidad que afecta al metal. ¿Qué sentido tiene esa norma en un mundo con tanta abundancia de litio? Una mayor producción nacional no solo trae beneficios económicos y de empleo, sino también de recaudación tributaria, en momentos de alto déficit fiscal (ver Temas Económicos).
Se trata, pues, de una oportunidad perdida en la ventana de tiempo de los últimos cinco años. Pero eso no es lo más grave. Lo que verdaderamente resulta preocupante es que, así como en este caso, más allá del litio, la desconfianza hacia el sector privado o el exceso de burocracia en el sistema de permisos pueden haber estado presentes en un gran número de proyectos frustrados en otras áreas, sumando un cúmulo de más oportunidades perdidas. El país no puede permitirse dilapidar esas oportunidades, solo por regulaciones sin sentido o por permanecer fiel a sesgos ideológicos.
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