Esperado giro económico
Sería así la primera vez, al menos desde la vuelta a la democracia, que se bajen los impuestos a la inversión y al ahorro empresarial, rompiendo una tendencia que hizo perder competitividad a la economía.
Un logro para el Gobierno y sobre todo una buena noticia para el país es la aprobación en el Senado del llamado proyecto de Reconstrucción Nacional. Aunque todavía falta que lo vea de nuevo la Cámara de Diputados, el acuerdo con el Partido de la Gente debiera permitir la ratificación de los ejes de la reforma. Sería así la primera vez, al menos desde la vuelta a la democracia, que se bajen los impuestos a la inversión y al ahorro empresarial, rompiendo una tendencia que hizo perder competitividad a la economía. Que a cuatro meses del cambio de mando, se logre sacar adelante una reforma tan relevante como esta -una de las principales promesas de campaña- marca también una diferencia notoria con la administración anterior, que durante casi todo su primer año quedó legislativamente entrampada a la espera de una nueva Constitución que finalmente fue rechazada por la ciudadanía.
Hubiera sido ideal que la reforma tuviera un apoyo más transversal, pero ello no fue posible por existir diferencias de fondo con la oposición en la orientación que se quería dar al proyecto. Es destacable, en todo caso, que el oficialismo haya logrado actuar unido, circunstancia que tradicionalmente en la derecha no se da por descontada.
El que algunas disposiciones se hayan aprobado por diferencia de un voto no solo es legítimo y democrático -para eso están las elecciones-, sino que es sustancialmente mejor que dilatar indefinidamente el diálogo con una contraparte que solo cedería si se torcía el sentido de la iniciativa. ¿Qué acercamiento podría haber, por ejemplo, con el Partido Socialista, cuando su presidenta, inclinándose finalmente por la línea más dura, manifestaba rechazar "el núcleo tributario y fiscal de este proyecto" y sostenía que ganar por un voto "puede ser la forma más rápida de perder legitimidad"; o con el Frente Amplio cuando una senadora tan representativa del sector como Beatriz Sánchez manifestaba que no apoyaba "este proyecto en ninguna de sus partes estructurales", pues "va a generar un descalabro para Chile"?
Más allá de algunos puntos que pueden ser controvertidos -que es casi inevitable que existan en un proyecto de esta magnitud-, en lo sustancial los cambios introducidos y especialmente la señal que se da a los agentes económicos respecto de la importancia que se les asigna al crecimiento y a la creación de empleo debieran tener incidencia en la mejora de las expectativas y en la inversión. Naturalmente, para apoyar el crecimiento y el empleo resultan necesarias otras iniciativas complementarias en las que debiera centrarse el Gobierno en los próximos meses (ver editorial arriba).
Triste balance en la oposiciónSi el oficialismo puede hacer un balance positivo de lo ocurrido en la tramitación de este proyecto, en la oposición la situación es muy distinta. A las peleas internas se suma la consolidación de una línea intransigente que diluye la relevancia del Socialismo Democrático frente al PC y el FA y de paso los aleja de las necesidades ciudadanas que demandan mayor crecimiento y empleo. Y es que dejaron pasar la oportunidad de poder haber incidido en la recuperación económica. De ahora en adelante, muchos podrán recriminarles con parte de razón que cualquier mejora en la situación económica del país será muy a su pesar.
Su discurso de estar a favor del crecimiento, la inversión, la creación de empleo y la opinión técnica queda ahora vacío. La verdad es que, con pocas excepciones, hicieron lo posible por entrabar el avance del proyecto y las indicaciones que presentaban iban en la línea opuesta a reactivar la economía. Baste analizar las iniciativas de parlamentarios de oposición que sí han logrado aprobarse, como por ejemplo la prohibición total e inédita en el mundo del cobro de intereses por intereses, que según la opinión transversal de los expertos traerá tasas más altas, exigencia de mayores garantías y racionamiento del crédito, perjudicando a los sectores más desfavorecidos, que deberán recurrir al sector informal.
Las recientes palabras de la senadora Cicardini (PS) en el hemiciclo, en que se jactaba de haber marcado la pauta más dura desde un comienzo, son una buena muestra de quién ganó. "Han pasado cuatro meses desde que en esta misma sala pedimos la renuncia al ministro Quiroz. Muchos criticaron, otros se escandalizaron", manifiesta en clara alusión a la presidenta de su partido, que la recriminó públicamente por ese comportamiento. Es más, Cicardini continúa: "sostengo íntegramente lo que he dicho y lo que he hecho" y agrega que "el ministro Quiroz es un peligro para el presente y futuro de Chile". Pocas veces había quedado tan claro el resultado por la disputa del control de un partido. Actitud que también es coherente con la conducta mostrada por diputados opositores en el inicio del debate, cuando pretendieron sin éxito bloquear con un "tsunami" de indicaciones el normal desarrollo legislativo del proyecto.
En fin, lo sucedido en la izquierda muestra la ausencia de un plan económico serio que ofrecerle al país, lo que buscan encubrir con consignas y populismo.