La suerte cafetera
Las familias cafeteras estuvieron a punto de perder los beneficios que les genera la administración del Fondo Nacional del Café por parte de la Federación Nacional de Cafeteros, toda vez que Petro les ordenó a sus ministros desde comienzos del año, en la ciudad de Ipiales, que no se renovara el contrato celebrado con el Gobierno, cuya vigencia de diez años terminaba este 17 de julio
Las familias cafeteras estuvieron a punto de perder los beneficios que les genera la administración del Fondo Nacional del Café por parte de la Federación Nacional de Cafeteros, toda vez que Petro les ordenó a sus ministros desde comienzos del año, en la ciudad de Ipiales, que no se renovara el contrato celebrado con el Gobierno, cuya vigencia de diez años terminaba este 17 de julio. La ojeriza de Petro con la Federación se hizo manifiesta desde comienzos de su administración, en particular desde el momento en que perdió la batalla por hacerse con su control, para convertirla en un fortín político de la izquierda, lo mismo que hizo con las universidades públicas, por ejemplo. Y de paso, hacerse con el manejo del billonario patrimonio de los cafeteros. Se pretendía un verdadero ‘raponazo’. Como se sabe, la Federación —al igual que otras de su género— administra recursos parafiscales. En su caso, los provenientes de la contribución cafetera. La parafiscalidad adquirió rango constitucional en 1991, con lo cual los gremios representativos de cada sector están blindados por el orden superior, con el fin de que puedan administrar los recursos públicos que de él surgen y se reinviertan exclusivamente en beneficio del grupo, gremio o sector económico que los tributa. Lo que no es posible, como lo pretendían Petro y sus ministros, era dejar la fachada de los gremios a cargo de los recursos parafiscales, pero tomándose sus órganos directivos, lo que a la postre significaba que, en la práctica, el gestor dejara de ser el gremio, violando de esta manera la administración "autonómica" de aquellos, cooptando la parafiscalidad y sometiéndola a los dictados del gobernante. El preámbulo de este artificio lo sufrió la Federación Nacional de Palmicultores, a la que se le dio una prórroga de apenas un año, para que dentro de esos doce meses modificara la gobernabilidad de esa entidad, desplazando a los palmicultores de su exclusivo y legítimo derecho a proveer el destino y la gestión de sus recursos, metiendo en sus órganos directivos a mujeres campesinas, indígenas y miembros de las comunidades afros y, por qué no, de uno que otro ministro. Al ponerse en duda la suerte del contrato con la Federación Nacional de Cafeteros, quedó en entredicho uno de los más apreciados activos de la economía cafetera, consistente en la "garantía de compra", que constituye una fuente de estabilidad del ingreso del caficultor. Por virtud de ella, las familias cafeteras tienen la certeza de que su producto les será adquirido a precios de mercado, a su presentación en las cooperativas regionales, gracias a lo cual no están sometidas al poder de compra de los comercializadores privados, colombianos e internacionales. Estudios recientes de la Universidad de los Andes demuestran que, de perderse la garantía de compra cafetera que ofrece la Federación, los campesinos perderían el 20 % de sus ingresos, generando una transferencia de recursos directa a los jugadores oligopólicos del mercado. Por fortuna la pretensión de Petro no logró materializarse y el nuevo gobierno tendrá cinco meses para señalar las nuevas condiciones del contrato que, por diez años, deberá contribuir a profundizar los beneficios sociales del trabajo de Fedecafé, que hoy llega a 600.000 familias. Ojalá en la Patria Milagro se perciba que el apoyo de la Federación a la caficultura, vía compras, asistencia técnica y programas sociales, supera en más del doble el valor de la contribución cafetera. Y se extienda el programa de asistencia técnica, que ha contribuido a hacer crecer las siembras a nivel nacional, ha aumentado la densidad de siembra promedio por hectárea y ha reducido la edad promedio de los cultivos, mejorando la productividad y los ingresos de las familias caficultoras. La amenaza de que fue objeto la institucionalidad cafetera debería servir de punto de referencia para que sea la propia ley la que en el futuro desarrolle los pormenores de la parafiscalidad, para que no quede sujeta al capricho gubernamental. Taponazo. El régimen de sanciones propias de la justicia transicional impone restricciones efectivas de movilidad a los condenados por crímenes de guerra... pero la JEP los autoriza a pasear por el mundo.
La parafiscalidad cafetera
Néstor Humberto Martínez Neira
La amenaza de que fue objeto la institucionalidad cafetera debería servir de punto de referencia para que sea la propia ley la que en el futuro desarrolle los pormenores de la parafiscalidad.