Oposiciones derrotadas
Nada perjudicaría más al Socialismo Democrático que alinearse con esa izquierda radical.
Tras la derrota de su estrategia ante la ley miscelánea, cabe esperar que las oposiciones de izquierdas hayan aprendido que, si insisten en ella, podrían volverse irrelevantes.
¿En qué consistió esa estrategia? Fue un rechazo rotundo desde el inicio, a pesar de tratarse de temas comunes en las democracias actuales, como las rebajas de impuestos, las regulaciones ambientales, la invariabilidad tributaria, entre otros. Además, ese rechazo careció de contrapropuestas técnicas y de respaldo del poder parlamentario y de la comunicación para presentar opciones relevantes.
Incluso en las oposiciones faltó una mínima unidad de enfoque. Mientras el PC y el FA se mostraron cómodos rechazando frontalmente, con una postura de alta intensidad ideológica y sin mucho realismo, el PS y el PPD buscaron, aunque inicialmente -a pesar de profundas disensiones internas y una notable falta de camaradería-, construir una propuesta negociable. Sin embargo, no lo lograron. Finalmente, prevaleció la cerrazón del oficialismo -que solo requería "un voto más"- y la falta de coherencia negociadora de la oposición. En ese contexto, el PDG demostró una notable habilidad transaccional, seguramente en sintonía con su electorado.
Urge que las izquierdas definan sus proyectos y estrategias. El PC y el FA parecen decididos a insistir en un futuro "socialista" cercano y en una oposición dura: un pie dentro de la institucionalidad y el otro en la calle, por si acaso aparece la protesta. Y, desde allí, imponer a todas las izquierdas un mismo perfil confrontacional: la vieja lógica frentista, una alianza táctica frente a un enemigo común. Con todo, su propia ideología les impide ofrecer gobernabilidad, y su futuro más probable es el de un extremo doctrinario, indignado, ultraopositor -numéricamente no despreciable-, pero sin posibilidad de disputar el poder de gobernar.
Nada perjudicaría más al Socialismo Democrático (SD) que alinearse con esa izquierda radical. Con un enfoque reformista y una vocación deliberativa, sus objetivos son distintos: promover una democracia social y mantener una oposición crítica y constructiva. Debería actualizar sus ideas al confrontarlas con las del oficialismo, participar en los acuerdos en la medida en que sea factible y transformar sus disensiones en políticas que contribuyan a una gobernabilidad de recambio.
Este sector (PS y PPD), que es, personalmente, mi referencia político-cultural, necesita reinventarse ideológicamente, combinando una oposición convincente, socialmente arraigada y estrechamente conectada con los territorios, con una actualización de su pensamiento. Debe dejar atrás la política como simple espectáculo mediático y abordar con seriedad los desafíos del siglo XXI.