Viernes, 24 de Julio de 2026

La empresa que llevamos en el bolsillo

ColombiaEl Tiempo, Colombia 24 de julio de 2026


Ana Carolina Murillo C


Ana Carolina Murillo C.
Durante años hablamos de transformación digital como sinónimo de progreso. Llenamos las organizaciones de plataformas, aplicaciones y canales para ser más ágiles. Sin embargo, pocas empresas se hicieron una pregunta: ¿qué pasa con la atención cuando toda la compañía cabe en un teléfono? No todos los dispositivos provocan el mismo comportamiento. El computador favorece tareas largas; el celular, interacciones breves y repetidas. Nos acompaña a todas partes, mezcla trabajo, entretenimiento y vida personal, y convierte cada notificación en una invitación a cambiar de contexto. El problema no es solo la pantalla. Es la forma en que diseñamos el trabajo alrededor de ella. Una investigación publicada por Harvard Business Review (HBR) siguió durante cinco semanas a 137 trabajadores de 20 equipos en tres compañías Fortune 500. Encontró que cambiaban entre aplicaciones y páginas web, de dispositivo a dispositivo, cerca de 1.200 veces al día. Cada cambio parecía tomar apenas unos segundos, pero acumulados representaban casi cuatro horas semanales y cerca del 9% del tiempo laboral anual. Cinco semanas de trabajo al año usadas no para crear, decidir o resolver, sino para volver a ubicarnos. HBR también ha advertido que estos cambios de pantallas fragmentan la atención, por lo tanto los resultados que las empresas esperan, la productividad y el talento de los equipos de trabajo. La consecuencia no siempre parece improductividad. A veces se disfraza de velocidad. Una investigación de la Universidad de California, Irvine, encontró que las personas pueden compensar las interrupciones trabajando más rápido, pero pagan el precio con más estrés, frustración, presión y esfuerzo. Después de solo veinte minutos de trabajo multipantalla, esos indicadores ya habían aumentado significativamente. Aquí aparece el verdadero reto estratégico. La productividad no puede seguir tratándose como un asunto exclusivo de disciplina individual. Si una empresa exige respuestas inmediatas por correo, WhatsApp y Teams; multiplica reuniones; instala herramientas sin retirar las anteriores y convierte todo en urgente, no tiene un problema de talento. Tiene una arquitectura de atención, enfoque y productividad defectuosa. Las organizaciones deberían definir qué canal sirve para cada mensaje, qué significa ‘urgente’, qué tiempos de respuesta son razonables y qué momentos deben protegerse para pensar. También necesitan medir algo que casi nunca aparece en los tableros: interrupciones, reuniones, plataformas por empleado y horas disponibles para trabajo profundo. Digitalizar no debería significar poner toda la empresa dentro del bolsillo de cada persona. La próxima ventaja competitiva quizá no pertenezca a la compañía con más herramientas, sino a la que logre usarlas sin esclavizar toda la atención de su gente. La pregunta no es cuánto tiempo miramos una pantalla. La pregunta es: ¿nuestra tecnología nos ayuda a trabajar mejor o solo nos mantiene ocupados?
anita@lanerddelfuturo.com
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