Regulan almacenamiento de energía de grandes proyectos
El almacenamiento de energía con baterías comenzó a ocupar un lugar central en la transición energética colombiana
El almacenamiento de energía con baterías comenzó a ocupar un lugar central en la transición energética colombiana. Si bien esta tecnología ya estaba presente en el país mediante proyectos para clientes y aplicaciones en la operación de las redes eléctricas, la expedición de un marco regulatorio específico marca un cambio para el mercado. Así lo plantea Celsia, que considera que 2026 representa el año en que el almacenamiento deja de ser una solución complementaria para convertirse en un activo reconocido dentro del Sistema Interconectado Nacional (SIN), con reglas que permitirán el desarrollo de proyectos de mayor escala y una mayor integración de las energías renovables. Aunque el almacenamiento de energía ha ganado protagonismo, Gabriel Salazar, líder de Almacenamiento de Energía de Celsia, aclara que no se trata de una tecnología nueva para el sector eléctrico colombiano. Explica que varias compañías, incluida la empresa, llevan años estructurando, desarrollando y construyendo proyectos de este tipo, principalmente orientados a atender necesidades de clientes industriales y comerciales y a respaldar la operación de la red. "El almacenamiento no es un tema nuevo en Colombia: varias compañías, Celsia entre ellas, ya hemos estructurado, desarrollado y construido proyectos de este tipo, en un segmento que hasta ahora no requería una regulación propia y que se ha movido principalmente en soluciones para clientes y para la operación de la red", afirma. La diferencia, añade, es que el mercado comenzó a recibir señales regulatorias que reconocen el almacenamiento como un activo del sistema eléctrico. Esto significa que deja de ser visto únicamente como una solución específica para determinados usuarios y pasa a formar parte de la planeación del sector energético. Entre esas señales menciona la definición de reglas específicas para el almacenamiento, la posibilidad de hibridar plantas de generación, el establecimiento de un marco permanente para los sistemas de almacenamiento con baterías, la formulación de una política pública sobre esta tecnología y la incorporación de productos específicos dentro de los mecanismos de contratación de largo plazo. Para Celsia, el almacenamiento tiene un papel estratégico porque acompaña el desarrollo de proyectos de generación con fuentes renovables no convencionales, especialmente solares y eólicos. En ese sentido, Salazar señala que la tecnología no debe verse como un componente independiente. "Más que una tecnología aislada, el almacenamiento es la pieza que permite que la transición energética se traduzca en energía disponible cuando el sistema la necesita", sostiene. La clave Dice que uno de los principales aportes de las baterías consiste en almacenar la electricidad producida durante la mayor generación para suministrarla cuando sube la demanda o cuando las fuentes renovables bajan su producción. Así, el sistema tiene mayor capacidad para gestionar la energía disponible. El desarrollo del almacenamiento en Colombia estuvo acompañado varios años por resoluciones transitorias que buscaban resolver necesidades concretas, pero que no definían cómo debía incorporarse esta tecnología a toda la cadena del servicio eléctrico. "Durante varios años, Colombia avanzó con resoluciones de carácter transitorio, orientadas a casos puntuales, que resolvían necesidades específicas, pero no la pregunta estratégica de fondo: cómo se integra el almacenamiento en los distintos eslabones de la cadena", explica Salazar. Desde su perspectiva, esa pregunta era necesaria porque las baterías tienen la capacidad de prestar múltiples servicios. Un mismo activo puede aportar valor en generación, transmisión, distribución e incluso en el suministro final al usuario. La expedición del nuevo marco regulatorio reconoce esos diferentes roles y ofrece mayor claridad sobre las reglas de juego para quienes buscan desarrollar nuevos proyectos. No obstante, el directivo señala que la propia regulación reconoce que aún existen aspectos por perfeccionar, por lo que considera que el proceso regulatorio continuará evolucionando a medida que el mercado adquiera experiencia. Los cambios también sustituyen normas expedidas hace aproximadamente cinco años que fueron concebidas para responder a coyunturas específicas y que posteriormente fueron derogadas o reemplazadas. "Pasamos de instrumentos temporales, pensados para resolver una coyuntura, a un marco permanente que reconoce el almacenamiento como un activo estructural del sistema", dijo. Para Celsia, la experiencia acumulada durante el desarrollo de proyectos ha permitido conocer aspectos que solo aparecen durante la operación de las baterías. "Una cosa es diseñar un proyecto en el papel y otra muy distinta es operarlo, entender su comportamiento real, sus curvas de degradación y su interacción con la red", señala. Frente a la propuesta regulatoria de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), Salazar dijo que representa el primer paso para establecer reglas claras de la incorporación de esta tecnología al Sistema Interconectado Nacional.
El crecimiento del almacenamiento es impulsado por tres segmentos diferentes. El empresarial, donde más clientes complementan sus contratos de suministro o autogeneración. El segundo es el mayorista que hace que se complementen los recursos de generación y el tercero es la infraestructura de transmisión y distribución. Las baterías son una alternativa para atender restricciones.