La Nación, Costa Rica
24 de julio de 2026
Opinión: A pesar de las cotizaciones internacionales elevadas, la apreciación del colón reduce el ingreso efectivo recibido por las familias caficultoras.
Por años, el modelo cafetalero costarricense ha despertado el interés de otros países productores. Delegaciones internacionales visitan nuestro país para conocer una institucionalidad que, construida por más de seis décadas, ha permitido determinar un régimen equitativo de relaciones entre productores, beneficiadores y exportadores de café, proteger al productor y generar confianza en los mercados internacionales.
Es por ello por lo que, ante la publicación en este medio de la nota titulada "¿Por qué los precios récord del café tardan en llegar al productor de Costa Rica? La FAO da una explicación", la cual consideramos necesario realizar algunas aclaraciones sobre afirmaciones que, a nuestro criterio, contienen imprecisiones y que pudieron haberse evitado previa consulta, como institución rectora del sector, dada la especificidad de nuestro modelo.
Asimismo, hemos solicitado una audiencia con la FAO en Costa Rica, con el propósito de conocer en profundidad dicho informe que sirve de fundamento a dicha publicación y aportar, para con ello mejorar la comprensión integral de la realidad que enfrenta nuestro sector, más allá de modelos y algoritmos, que son ajenos a la sensibilidad de la producción cafetalera nacional.
Lo que el modelo materializa
Vamos al grano. La Ley 2762 y la institucionalidad del café establecen las reglas de un sistema que tiene como uno de sus principales objetivos garantizar al productor un precio mínimo de liquidación, el cual corresponde entre el 75% al 80% de cada dólar exportado. Esto es importante aclararlo: el precio de liquidación final, en todos los casos, el monto final efectivamente recibido por el productor. Es un piso: la empresa beneficiadora no puede pagar menos de ese valor, aunque sí puede pagar más, este es un modelo que busca dar continuidad y seguridad de negocio en el tiempo.
Esta distinción es fundamental para comprender cómo funciona nuestro modelo. El Instituto del Café de Costa Rica (Icafé) conoce y publica el precio mínimo de liquidación, pero no necesariamente el precio real que cada productor recibe, pues este puede ser superior.
La fortaleza del sistema costarricense está también en la trazabilidad. Nuestra cadena de café permite seguir el recorrido del producto desde la producción de café fruta hasta su comercialización. Las operaciones de compra y venta para exportación y consumo nacional son registradas, los contratos son sometidos a controles y existe una metodología de revisión que se aplica periódicamente para verificar que las condiciones pactadas se encuentren dentro de los parámetros normales del mercado.
Este sistema de controles no debe verse como una carga burocrática. Es, por el contrario, una de las principales ventajas competitivas de nuestro café.
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La trazabilidad, la seguridad jurídica y el cumplimiento de los contratos generan confianza entre los compradores internacionales. Esa confianza tiene un valor económico concreto: contribuye a que el café de Costa Rica mantenga un premio internacional, "diferencial" de precio reconocidos entre los más altos del mundo.
La evidencia internacional también respalda la importancia de este modelo. De acuerdo con datos de la Organización Internacional del Café, durante el periodo 2019-2024 Costa Rica registró precios pagados al productor que, en varios de esos años, superaron los obtenidos en otros países productores. Esto demuestra que nuestro sistema, junto con la calidad y reputación del café costarricense, ha permitido que el productor nacional reciba un pago equitativo conforme el total de las ventas realizadas.
Sin embargo, sería irresponsable ignorar los desafíos que enfrenta actualmente nuestro sector.
Hoy tenemos una situación particularmente compleja: aunque el precio de las ventas de café para exportación de la cosecha 2025-2026 es el más alto de las últimas cinco cosechas, este incremento no se refleja proporcionalmente en los ingresos que recibe el productor.
La razón principal está fuera del control directo del sector: el tipo de cambio.
En los últimos años, el colón se ha fortalecido significativamente frente al dólar. El tipo de cambio promedio utilizado como referencia pasó de alrededor de ¢649 por dólar en la cosecha 2021-2022 a aproximadamente ¢460 en la cosecha actual. Para una actividad cuyos ingresos están vinculados principalmente al dólar y cuyos costos de producción se pagan, en buena medida, en colones, esta variación tiene un impacto directo y profundo. Esto es una caída del ingreso directo, en los cuatro últimos años, del 30% del ingreso al productor, y esto es un tema exógeno al Icafé y su ley y es un tema netamente de política monetaria país.
Esto significa que, aunque estemos experimentando precios internacionales del café históricamente altos, las familias productoras van a recibir menos colones por cada dólar generado. El problema, por tanto, no está necesariamente en el precio internacional del café, ni en el funcionamiento de la cadena de comercialización. Existe una variable macroeconómica que está reduciendo el valor de esos ingresos cuando se convierten a moneda nacional.
Este es un tema que como país debemos discutir con seriedad.
El sector cafetalero no puede controlar el tipo de cambio, pero sí debe levantar la voz cuando una variable externa pone en riesgo la sostenibilidad de miles de familias productoras. El café no es únicamente un producto de exportación. Es una actividad que sostiene comunidades, genera empleo, dinamiza las economías rurales y representa una parte fundamental de la identidad y la historia de Costa Rica.
Por eso, la discusión sobre el futuro del café debe trascender la coyuntura y evitar explicaciones simplistas. Nuestro país cuenta con un modelo institucional que otros quieren conocer y replicar. Tenemos trazabilidad, reglas claras, controles, cumplimiento contractual y una calidad reconocida mundialmente.
El reto ahora es asegurar que ese modelo siga siendo rentable y socialmente responsable para quienes están en el origen de toda la cadena: nuestros productores.
Desde el Icafé tenemos la responsabilidad de defender y fortalecer esta institucionalidad, promover la transparencia y aportar información objetiva para que las decisiones se tomen con base en evidencia. También tenemos la responsabilidad de señalar los desafíos que amenazan la competitividad del sector y promover un diálogo nacional sobre ellos.
El café de Costa Rica ha demostrado que puede competir por calidad, reputación y confianza. Ahora debemos asegurarnos de que quienes hacen posible esa excelencia, que son nuestras familias productoras, puedan seguir viviendo dignamente de su trabajo, mediante políticas macroeconómicas que favorezcan la producción nacional.
No es casualidad que el café de Costa Rica cuente con más de 200 años de historia. Desde los inicios de esta actividad, el bienestar de las familias productoras ha sido la máxima prioridad, y continúa siéndolo para toda la institucionalidad y el sector cafetalero. Sin ese compromiso permanente, la caficultura costarricense no habría alcanzado el prestigio, el reconocimiento y la reputación internacional de los que hoy goza.
Los productores y el sector pueden tener la certeza de que la institucionalidad seguirá trabajando incansablemente para preservar y fortalecer el liderazgo, la innovación y el modelo de gestión que han distinguido al Café de Costa Rica a lo largo de su historia.
Nuestro compromiso es seguir construyendo juntos un sector sólido, competitivo y sostenible para las futuras generaciones.
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El autor es director ejecutivo del Icafé