El ‘canciller’
Hay mucho analista despistado con el nombramiento de Honorio Henríquez como presidente del Senado
Hay mucho analista despistado con el nombramiento de Honorio Henríquez como presidente del Senado. Algunos, con ánimo cizañero, han llegado a afirmar que se trata de la primera derrota del gobierno de Abelardo De La Espriella e, inclusive, que Uribe le ha montado un cogobierno al nuevo habitante de la Casa de Nariño. Nada más equivocado. Ni el nuevo gobierno ha perdido nada ni la Patria Milagro quedó a merced del Centro Democrático, si bien sus bases electorales son marcadamente uribistas. Lo que ha ocurrido es, simplemente, fruto de un defecto institucional que engendraron los constituyentes del 91, que ha hecho imposible la gobernanza nacional. La Constituyente dispuso, en contravía de lo que establecía la carta del 86, que la elección del presidente debe hacerse en una fecha distinta a la del Congreso, para que la elección del primer mandatario sea más libre y no quede amarrada al mundo de la politiquería y sus maquinarias. Así, antes del 91, los gobiernos se elegían conjuntamente con el Congreso. El candidato presidencial arrastraba a sus congresistas electoralmente y viceversa. De esta manera, las mayorías de las nuevas cámaras acompañaban al nuevo mandatario y hacían viable su programa, con la lógica propia de los sistemas parlamentarios. Con posterioridad, los gobiernos han tenido que sobreaguar en el Congreso, haciendo coaliciones de papel, lo que ha hecho tortuoso el buen gobierno y, sobre todo, imposible tramitar las iniciativas legislativas. Es algo que hay que superar prontamente en una reforma política. Recuerdo que la Gran Alianza por el Cambio de Andrés Pastrana no contaba con una fuerza parlamentaria determinante. Fue necesario hacer una coalición de coyuntura con una porción del Partido Liberal, que implosionó el día que los rebeldes decidieron pedir una representación ministerial más grande en el gobierno y el presidente no cedió a sus intereses. Se rompió la coalición, se convocó un referendo y se armó una crisis institucional bien gorda, hasta cuando entró al gabinete el oficialismo liberal con Juan Manuel Santos, quien logró tramitar importantes iniciativas parlamentarias, luego de restablecer los cupos de cofinanciación. Álvaro Uribe se eligió con amplias mayorías, pero sin un solo congresista, y la construcción de su gobernabilidad en el Parlamento, para asuntos esenciales de la agenda oficial, dio lugar a la judicialización de varios de sus inmediatos colaboradores. La relación de Iván Duque con el Congreso no fue tampoco una luna de miel; su plan de desarrollo salió en el Senado, en el último minuto, solo cuando un senador de una colectividad distinta a la del Gobierno se fue en solitario y se enfrentó al director de su propio partido, que llegó hasta a amenazarlo. En el gobierno de Petro, el Pacto Histórico siempre fue una fuerza oficialista minoritaria. Perdió todo en el Senado, y en la Cámara se impuso a punta de lentejas. Aun así, fueron insuficientes la nómina oficial, las notarías, las vías terciarias y los cargos ministeriales. El apetito se extendió al presupuesto y, en algo inédito, desde la Casa de Nariño se autorizaron pactos non sanctos, que tienen a varios de sus funcionarios envainados y al más importante de ellos, Carlos Ramón González, dado a la fuga. De La Espriella ha prometido que no negociará con los parlamentarios. Lo hace bien y tiene un mandato popular sólido para proponer un nuevo relacionamiento con el Congreso. Por ello —según lo ha dicho— no metió sus manos en la elección del presidente del Senado, posición para la cual había dos excelentes candidatos de la ‘manada’. El triunfo de Honorio Hernández no puede incomodar a nadie, ni mucho menos prestarse para hablar de una alianza impensable entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico. Si de algo ha dado muestras Honorio es de su sólido antipetrismo. Durante cuatro años no votó con el Gobierno, lideró grandes debates y gestó el hundimiento de la reforma de la salud. No dará su brazo a torcer, siempre cuidando las buenas maneras. Por eso, en su casa política, lo llaman el "canciller". Taponazo. El inquilino de la Casa Colombia, que está de salida, no dejará ni los lavamanos.
El presidente del Senado
Néstor Humberto Martínez Neira
El triunfo de Honorio Henríquez no puede incomodar a nadie, ni mucho menos prestarse para hablar de una alianza impensable entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico.