Lunes, 27 de Julio de 2026

El riesgo de crecer sin construir soberanía

ColombiaEl Tiempo, Colombia 27 de julio de 2026

Luis Ernesto Silva
Colombia ha entendido algo fundamental: la transición energética dejó de ser una conversación ambiental para convertirse en un asunto de competitividad, estabilidad y desarrollo

Luis Ernesto Silva
Colombia ha entendido algo fundamental: la transición energética dejó de ser una conversación ambiental para convertirse en un asunto de competitividad, estabilidad y desarrollo. Avanzar hacia una matriz más limpia es indispensable para impulsar el crecimiento sostenible. La pregunta es si la transición que estamos construyendo está fortaleciendo realmente las capacidades nacionales. Las cifras muestran la magnitud del reto. Las proyecciones para 2027 y 2028 estiman la incorporación de hasta 6.000 megavatios de nueva capacidad, mientras Colombia acelera la integración de energías renovables. Pero el desafío no se limita a generar más energía. La discusión debe centrarse en qué tan preparada está la infraestructura eléctrica para soportar esta expansión y qué tan sólida es la capacidad industrial para acompañarla. La transición requiere sistemas confiables, materiales de calidad y una industria capaz de responder a la creciente demanda del sector eléctrico. Sin estos elementos, el riesgo es avanzar hacia una expansión desarticulada que comprometa la confiabilidad del sistema y reduzca el impacto de las energías renovables. Aquí aparece un concepto cada vez más relevante: la soberanía energética. No se trata únicamente de producir energía en el país, sino de desarrollar, fabricar e integrar los componentes estratégicos que hacen posible la transición. En otras palabras, construir un sistema energético con capacidad para operar, crecer y modernizarse sin depender exclusivamente de proveedores externos. Colombia cuenta con una industria que ha demostrado capacidad técnica, experiencia y potencial para participar en esta transformación. Sin embargo, enfrenta presiones importantes. El crecimiento acelerado de importaciones en la última década y la priorización de productos importados en proyectos estratégicos de transmisión y distribución han generado desequilibrios que afectan la competitividad. La integración a los mercados globales es necesaria. Pero hacerlo sin condiciones equilibradas puede debilitar sectores estratégicos, afectar empleo y limitar capacidad productiva justo cuando debería fortalecerse. En este escenario, la regulación juega un papel decisivo. Instrumentos como la Ley 1715 de 2014 impulsaron las energías renovables, pero también abren un debate sobre cómo evitar que la transición termine debilitando la industria nacional. Ajustes regulatorios y tributarios podrían generar condiciones más competitivas para la producción local y asegurar que el valor económico de esta transformación permanezca en Colombia. Hay una oportunidad histórica para construir una transición energética que, además de reducir emisiones, impulse la industria, fortalezca el empleo y aumente su autonomía. Ello exige una visión integral que articule generación renovable, infraestructura eléctrica y desarrollo productivo bajo una misma hoja de ruta. De cara a las decisiones hay algo claro: la transición energética no puede medirse solo por su velocidad. Debe medirse por su capacidad para generar desarrollo, fortalecer la industria local y construir soberanía.
Managing director South America de Nexans.
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