Miércoles, 29 de Julio de 2026

Nueva generación

ChileEl Mercurio, Chile 29 de julio de 2026

La disposición al diálogo y la condena a la violencia pueden ser la mejor contribución.

Una mirada algo diferente parecen exhibir algunos nuevos liderazgos universitarios sobre el movimiento estudiantil actual, en comparación con aquel que hace unos 15 años copara las calles, enarbolando la bandera de la gratuidad, persiguiendo cambios drásticos y mostrando a menudo indiferencia ante los graves hechos de violencia que acompañaban las manifestaciones. Sus dirigentes consiguieron una visibilidad que los llevó a La Moneda, enfrentándolos a una realidad más compleja de la que anticiparan. Hoy pareciera imponerse, en la actual generación de dirigentes estudiantiles, un mayor realismo y una mayor disposición al diálogo y al aporte constructivo. Es lo que se desprende, al menos, de las palabras de Martina Matus, la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), en una entrevista a este diario, donde, aun sin dejar de adherir al discurso confrontacional de la Confederación de Estudiantes (Confech) hacia el Gobierno, expresa un rechazo sin ambages a la violencia, al punto que cuestiona el que "como sociedad, hemos normalizado que el disenso sea con violencia".
Encabezando la lista del NAU (Nueva Acción Universitaria), Matus se impuso, en segunda vuelta, a la lista de izquierda apoyada por las juventudes comunistas, los socialistas, el Frente Amplio y Surgencia, un movimiento feminista formado en 2018. Declara que si bien votó por el Presidente Boric, admite que hubo demasiadas expectativas cuyo gobierno no pudo cumplir.
La líder estudiantil reconoce el aporte de los liderazgos de Giorgio Jackson y Miguel Crispi, fundadores del NAU, pero señala que a su generación le corresponde contribuir desde el diálogo y la participación en el debate nacional sobre temas cruciales que involucran a los estudiantes, como la ley de escuelas protegidas, el registro de vándalos y el financiamiento universitario. Respecto de este último, revela que ella misma estudia gracias al Crédito con Aval del Estado (CAE), e insiste en la necesidad de reformulación del sistema para evitar el endeudamiento de los jóvenes, pero también del Estado, "porque hay que ser responsable también con el Estado".
Con una crisis de representatividad preocupante en muchos planteles, el movimiento estudiantil aboga por una mayor participación en la discusión de los temas de educación. La presidenta de la FEUC -que el mes pasado fuera recibida por parte del equipo de la Subsecretaría de Educación Superior- plantea la necesidad de mayor diálogo y critica la lentitud del Gobierno en atender las solicitudes de reunión de los dirigentes. Ella sostiene que la voz del estudiantado requiere ser escuchada para evitar lo que denomina "retrocesos", pero también por un sentido de responsabilidad, porque "quienes tenemos la oportunidad de estudiar, tenemos que retribuirlo al país".
Esa disposición al diálogo y la condena a la violencia pueden ser la mejor contribución que los dirigentes estudiantiles hagan a la convivencia social. El costo de las sucesivas tomas, los prolongados paros y las manifestaciones violentas del pasado dejaron huellas en muchos que vieron alterada su formación universitaria. Es saludable que entre las nuevas generaciones se levanten voces que parecen no querer repetir esas infaustas experiencias.
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