Manifiesto criptoanarquista
Beethoven Herrera Valencia
Aunque Nakamoto (2008) es reconocido como padre del bitcoin, hubo proclamas anteriores que compartían las ideas centrales de negación de la soberanía del estado en la emisión monetaria y defendían el derecho a hacer transacciones entre particulares sin pasar por el sistema bancario institucional
Beethoven Herrera Valencia
Aunque Nakamoto (2008) es reconocido como padre del bitcoin, hubo proclamas anteriores que compartían las ideas centrales de negación de la soberanía del estado en la emisión monetaria y defendían el derecho a hacer transacciones entre particulares sin pasar por el sistema bancario institucional. Tal es el caso del Manifiesto Criptoanarquista promulgado por Timoteo May en 1988, con ideas coincidentes con Nakamoto. El aporte novedoso de este último no es entonces la idea de transacciones anónimas entre particulares que mantienen su privacidad, sino haber creado la plataforma tecnológica que lo hizo posible. Según May, la informática proporciona a individuos y grupos la capacidad de interactuar de forma anónima, de modo que dos personas pueden intercambiar mensajes, realizar negocios y negociar contratos electrónicos sin conocer la identidad de la otra. De esa forma las interacciones por redes son irrastreables, gracias a paquetes cifrados y a protocolos criptográficos con seguridad contra cualquier manipulación y la reputación tendrá una importancia mayor que las calificaciones crediticias de hoy. La tecnología necesaria para esta revolución existía a inicios de los años ochenta con cifrado de clave pública y protocolos de software para la interacción, la autenticación, la verificación y las redes informáticas y los ordenadores personales habían alcanzado la velocidad suficiente para hacerlo realizable. Estos avances alterarán por completo la naturaleza de la regulación gubernamental, la capacidad de gravar y controlar las interacciones económicas, la posibilidad de mantener la información en secreto e incluso alterarán la naturaleza de la confianza y la reputación. Y por supuesto, el Estado intentaría frenar o detener la difusión de esta tecnología, alegando motivos de seguridad nacional y el riesgo del uso de esa tecnología por narcotraficantes y evasores fiscales. May reconocía entonces que la criptoanarquía permitiría el libre comercio de secretos nacionales y permitiría el comercio de materiales ilícitos y robados; y que un mercado informático anónimo podría posibilitar mercados abominables para asesinatos y extorsiones. Pero advertía que ello no detendría la propagación de la criptoanarquía. De la misma manera que la tecnología de la imprenta alteró y redujo el poder de los gremios medievales y la estructura de poder social, el vocero anarquista advertía que los métodos criptológicos alterarían la naturaleza de las corporaciones y de la intervención gubernamental en las transacciones económicas. De ese modo la combinación de información emergente con la criptoanarquía crearían un mercado líquido para todo material que pueda ser expresado en palabras e imágenes. Y de la misma manera que un invento aparentemente menor como el alambre de púas hizo posible cercar por particulares los ejidos y baldíos públicos, alterando para siempre los conceptos de tierra y derechos de propiedad en el mundo capitalista. May concluye que así mismo el descubrimiento menor de una rama arcana de las matemáticas puede llegar a ser la tijera para cortar los controles que rodean la propiedad intelectual.
Profesor Emérito de la Universidad Nacional, de las universidades Javeriana, Magdalena y Prime Business School.