Coalición: los reyes del autoboicot
El futuro de la Coalición Republicana reabre el debate sobre cómo competir con el Frente Amplio en las próximas elecciones.
Desde mucho antes del triunfo de Luis Lacalle Pou en el balotaje de 2019, algunos venimos insistiendo en la necesidad imperiosa de un lema Coalición Republicana, que ofrezca al ciudadano una alternativa consistente contra la aceitada máquina electoral del Frente Amplio.
Los partidos fundacionales se afiliaron a esa estrategia solo en elecciones departamentales donde, a falta de balotaje, se hacía imprescindible sumar votos blancos y colorados para competir con una izquierda hegemónica.
Pero esa ventaja -que por ejemplo permitió ganar en Salto en los últimos comicios- pone también de manifiesto una limitación: concebir al lema Coalición como un mero instrumento de acumulación de votos y no como lo que debería ser: una verdadera alianza de partidos que comparten filosofía y objetivos comunes.
Recientemente, sendas entrevistas del programa En Clave País ponen de manifiesto dudas preocupantes al respecto. El senador Pedro Bordaberry ha dicho que no es tiempo de discutir sobre temas electorales, que eso sería faltar el respeto a una ciudadanía acuciada por problemas urgentes. El intendente de Florida Carlos Enciso fue más allá, argumentando en contra del lema común por dos razones: que para acumular está el balotaje y que una fórmula de un blanco y un colorado no se justificaría si el PN votara el triple que el PC.
Discutamos estas aseveraciones.
Es verdad que a la gente no politizada puede enojarle que ya se esté hablando de cómo votar dentro de tres años, pero si entendemos que el FA está gobernando mal, ya no se trata simplemente de la ambición de ganar, sino de algo más importante: reencauzar al país en la senda iniciada entre 2020 y 2025. Por eso, el debate sobre la estrategia electoral no es pueril sino que puede y debe hacerse, si desde la oposición se quiere responder a una disconformidad que a esta altura alcanza a más de la mitad de la ciudadanía. ¿Cuándo van a esperar para definir si habrá Coalición o no? ¿Hasta la llegada del último ciclista de 2029? Si patean la pelota tan adelante, va a pasar lo de siempre: la gente verá el lema común como una mera herramienta coyuntural y no como lo que a esta altura debería ser: una verdadera coalición multipartidaria liberal y republicana, contra otra coalición hegemónica que mezcla marxistas y socialdemócratas en conflicto interno permanente.
Este objetivo reclama un programa común (similar pero más profundo al que se esbozó con el Compromiso por el país de noviembre de 2019) y una unidad de acción política que ya se da en el bloque opositor -con la sola excepción del vergonzante rol de Cabildo Abierto- mucho más que en la bancada del propio oficialismo. La opinión de Bordaberry es políticamente correcta, pero a quien más alienta es a la izquierda, perfectamente consciente de que una fórmula opositora de unidad le complicaría la vida aún más. Por eso los inefables analistas políticos de TV Ciudad hablan con tanto desprecio de la propuesta: los mismos que toda la vida desdeñaron a blancos y colorados como expresiones políticas sin ideas y defensoras del statu quo, ahora reivindican las "identidades partidarias" y ensalzan sobretodos, ponchos y cintillos que tanto gustaban menoscabar.
La defensa que hace Enciso de confiar solo en el balotaje está desmentida por la realidad: en los últimos dos, de 2019 y 2024, el candidato de la Coalición perdió votos respecto a la suma de los partidos en la elección parlamentaria. Y para colmo, la ausencia de un lema común impidió que en octubre se acumularan restos y así logró el FA la mayoría en el Senado. El intendente llegó a decir que había que seguir el ejemplo del FA. ¡Justamente! Su fortaleza electoral está en el lema común. En noviembre, el ciudadano viene votando siempre al candidato a presidente del bloque que obtuvo la mayoría parlamentaria un mes antes. Si regalamos esa mayoría por la incapacidad de votar juntos en octubre, somos los reyes del autoboicot.
¿El lema común perjudica a los partidos Colorado e Independiente? Al revés: una interna de la Coalición en junio pone a sus cuatro líderes en igualdad de condiciones para competir y fortalece el compromiso del votante por aquel que gane. ¿Perjudica las distintas corrientes internas de los partidos? Tampoco, porque cada uno tiene libertad de definir sus candidaturas como quiera antes de junio. ¿La elección de legisladores por restos perjudica a los candidatos de partidos más chicos? Puede ser, pero la inexistencia del lema común y, por lo tanto, la pérdida de esas bancas por restos, es obviamente más gravosa.
No se trata solamente de usar la calculadora. Hay que empezar (¡ya!) a construir el lema Coalición Republicana con su programa, autoridades, su propia identidad suprapartidaria. El FA viene haciéndolo ejemplarmente desde 1971 -aunque entre ellos se peleen con más o menos discreción- y tan mal no le ha ido.
Mientras tanto, nosotros polemizamos en el Parlamento sobre si don Pepe Batlle fue un buen tipo. ¡por favor!
Coalicionistas, a las cosas.