Gobierno digital
Andrés Barreto González
El periplo burocrático de la tramitología parece ser la impronta en muchos países: filas, desgaste, sellos y papeles
Andrés Barreto González
El periplo burocrático de la tramitología parece ser la impronta en muchos países: filas, desgaste, sellos y papeles. Esa escena ha ido desapareciendo a medida que los gobiernos migran sus servicios a plataformas digitales, lo que es una verdadera transformación que cambia la relación entre el Estado y el ciudadano. El beneficio más evidente es el ahorro de tiempo. Un trámite que antes exigía media jornada laboral, hoy puede resolverse en minutos desde un teléfono. Esta reducción en tiempo tiene un efecto multiplicador en la economía: menos horas perdidas en filas significan más horas productivas, tanto para trabajadores, como para empresas. El gobierno digital también reduce la corrupción. Cuando un trámite depende del criterio de un funcionario, se abre la puerta al soborno. Los sistemas digitales estandarizan los procesos: las reglas son las mismas para todos y quedan registradas. Estonia, pionero mundial en esta materia, ha demostrado que la digitalización masiva de servicios públicos puede ir de la mano de mayor transparencia. Colombia ha tenido avances a través de la plataforma GOV.CO y de herramientas como la Carpeta Ciudadana y la Autenticación Digital, que busca que los trámites del Estado se resuelvan por medios electrónicos, sin depender de ventanillas físicas. Esto se enmarca en la Estrategia Nacional Digital 2023-2026, a cargo del Ministerio de las TIC, que impulsa además la seguridad digital y la adopción de inteligencia artificial en el sector público. A nivel local, Bogotá avanza en la misma dirección con su portal transaccional de servicios y un modelo de ciberseguridad que ya opera en varias entidades distritales. El caso colombiano aún presenta límites, pues persisten brechas de conectividad en zonas rurales, lo que obligará al Gobierno a destinar recursos significativos para conectar escuelas y comunidades excluidas. Aunque el país ha reducido su brecha digital de forma sostenida, la conectividad universal de calidad todavía está lejos de cumplirse. Esto confirma que la transformación digital solo cumple su promesa de equidad cuando va acompañada de inversión real en infraestructura. La eficiencia del gasto público es otro punto a favor al integrar bases de datos antes aisladas, evitando así duplicidades, detectando más fácilmente los fraudes en subsidios. Además, el gobierno digital amplía el acceso. Para quien vive lejos de una capital, resolver un trámite sin viajar representa un ahorro real y una forma concreta de inclusión, particularmente en países con geografías extensas como Colombia. No todo son ventajas automáticas: la transición exige inversión en conectividad y alfabetización digital, y es indispensable proteger los datos personales que el Estado centraliza. Estos beneficios no se materializan solos, requieren decisiones deliberadas que acompañen la tecnología con equidad y ciberseguridad. Persisten los desafíos, pero trabajar por un Gobierno Digital en 2026 - 2030 será una gran apuesta por la transformación a largo plazo.
Abogado.